Cortó una oreja y se le pidió una segunda en su actuación ante victorinos.
Las Ventas, 26 de junio.
Lleno dentro del aforo permitido.
Primer festejo de la temporada.
Toros de Victorino Martín Andrés.
Manuel Escribano, división de opiniones y oreja.
Sergio Serrano, ovación y oreja con petición de segunda.
Fortes, silencio en su lote.
Miguel Ángel Herráiz
Fotoso: Álvaro Rodríguez/Burladero.Tv
Expectación y muchas ganas de ver la corrida de Victorino Martín, en estos tiempos cercanos a la deseada normalidad taurina, que permitieron cortar dos orejas de distinto baremo a Manuel Escribano y Sergio Serrano que supieron aprovechar la condición de sus dos segundos toros para desarrollar su buen hacer.
Estuvo entregado toda la tarde Escribano desde que recibió a cada uno de sus astados, a porta gayola a ambos, y demostró un valor capaz de superar que su segundo saliera parado, se dirigiera lentamente hacia su capote y que al llegar a la jurisdicción del torero se detuviera unos segundos, eternos, que aprovechó el matador para levantarse e irse de la cara del toro con la consiguiente persecución del victorino y, una vez calmada la situación, dirigirse hacia las tablas donde le dio una serie de verónicas de buena factura. Pero hubo más; puso dos pares de banderillas ganándole la cara del toro, que se desplazaba a gran velocidad, y en el tercero citó sentado en el estribo aguantando y colocándolas al quiebro pegado a tablas sin apenas espacio para salir de la suerte. Con la muleta el inicial pase cambiado por la espalda sin enmendarse fue de escalofrío. Toreó por ambos pitones y más o menos cerca según el desplazamiento del toro pero cruzándose por el izquierdo y acoplándose a la distancia precisa para ligar los pases. La estocada fue un auténtico momento de la verdad.
Serrano se acopló con su segundo y noble Victorino. Mandó, supo llevar, ligar, dejársela en la cara y aprovechar la pronta embestida para conseguir un toreo de lucimiento que el astado permitía y sin tener que tragar como Manuel.
Fortes no tuvo suerte con su lote. En el último de la tarde se cayó delante de la cara y aunque el toro hizo por él la fortuna le acompañó y salió indemne.












