Puerta grande para El Rafi y enfermería para Borja Collado en el arranque de la feria de julio.
Valencia. Paco Delgado
Valencia, 25 de julio. Primera de feria. Un tercio de entrada.
Novillos de Zacarías Moreno, bien presentados y de juego desigual, destacando el primero.
El Rafi (de plomo y oro), oreja y oreja tras aviso.
Borja Collado (de rosa y oro), ovación con aviso y oreja con aviso.
Miguel Polope (de rosa y oro), oreja y ovación.
José Arévalo se desmonteró tras parear al quinto.
Borja Collado fue cogido por el quinto, sufriendo una herida inciso-contusa en la región occipital izquierda del cuero cabelludo de unos 3 cms. así como varios varetazos en ambos muslos. Fue trasladado a la Casa de la Salud para exploración. Pronóstico reservado.
Tras los muchos actos culturales previos, la tercera edición del Certamen de Escuelas y la desencajonada de los toros a lidiar en la misma, la Feria de Julio de Valencia echó a caminar con una novillada con no pocos alicientes. Uno de los principales era el debut con picadores de Miguel Polope, una de las grandes promesas de la prolífica Escuela de Tauromaquia que dirige Toni Gázquez. Se estiró al recibir de capa a su primero, “Rejonero”, número 98, castaño y de 489 kilos, cuya muerte brindó a sus profesores. Animal rebrincado e incómodo con el que se hizo enseguida, muy sereno y con las ideas claras, dejando ver unas excelentes maneras y un muy sólido proyecto de torero.
Volvió a gustar al torear de capa al sexto, serio y astifino, dejando ver su estilo amoneletado y vertical. Y su enorme personalidad, ligando luego los muletazos sin enmendarse, dejándoselo pasar muy cerca y en un palmo de terreno, con mando, aplomo y mano muy baja en series por ambos pitones, siempre con intensidad y emoción. Todo muy despacio, sin alterarse, dejando que la faena fluyese como si tal cosa. Fue una lástima que la mano se fuese muy baja a la hora de matar porque también mereció haber salido a hombros.
También sigue ilusionando al paisanaje Borja Collado, que a base de mando y valor supo reconducir la deslucida condición de su primero, manso y desentendido, estropeando lo hecho con la muleta al fallar con la espada.
No ayudó para nada el quinto en los primeros compases de su lidia, flojo y a medio gas, y buscó siempre en el último tercio. A la segunda tanda encontró el bulto y se echó a los lomos al novillero valenciano, al que dio una buena paliza. Pero no se arredró y salió de la enfermería para, tras una pelea a cara de perro, acabar con él y apuntarse un muy merecido trofeo.
La primera oreja de la tarde, y del serial, fue para El Rafi. El espigado novillero nimeño anduvo vistoso y bullidor en los primeros tercios, especialmente con las banderillas, dejando luego una faena muy templada y limpia -y breve, que es otro mérito que debería ser más tenido en cuenta- en la que destacó su toreo en redondo, matando de una gran estocada.
De nuevo gustó mucho con el cuarto, violento y complicado, al que plantó cara sin arrugarse ni esconderse, demostrando que también sabe torear y que valor no le falta. A la postre fue el único que salió por la puerta grande y dejó claro que no fue un convidado de piedra.









