No faltan, en estos primeros días del recién estrenado año 2020, comentarios de distintos colegas refiriéndose a los malos augurios que nos deparan para este bisiesto año.
Naturalmente la tauromaquia tampoco se escapa de esos malos pronósticos.
Pero no solamente la tauromaquia, también la economía, los puestos de trabajo, el bienestar, el nivel de vida, la libertad, la unión entre todos los españoles, la convivencia entre las distintas comunidades, la seguridad de que algunas autonomías, (Valencia, Murcia, Baleares), no vayan a ser absorbidas por la que todos ustedes piensan, situada en el Noroeste de nuestra península.
He dicho libertad, si también libertad. Qué puede pensarse de un político, presidente en funciones en la actualidad y candidato a serlo a partir del 7 de enero, que en las Ruedas de Prensa que convoca, no permite que los periodistas hagan preguntas.
¿Donde está la libertad de expresión que tanto airean?
Y que al mayor podemita, candidato a ser vicepresidente, se le llena la boca de presumir de países como Iran, donde a los homosexuales los cuelgan hasta morir en las farolas públicas, O cuando habla de Venezuela, donde miles de personas han emigrado y los que quedan subsisten gracias a la Iglesia Católica, que les proporciona comida para poder seguir viviendo.
Pues ese coletudo tipo, puede ser vicepresidente de todos nosotros.
Ese fantoche, incapaz de ponerse una corbata y una chaqueta, cuando procede, una de las primeras cosas que ha anunciado ha sido la supresión de las corridas de toros, la asignatura de Religión en el bachillerato, la subida de impuestos, el cierre de determinados periódicos, en una palabra volver a varias décadas en la Unión Sovietica, donde no había mas que un periódico para todo el País: Pravda.
Ese mismo individuo ayer mismo, ante las cámaras de televisión mostró su satisfacción cuando una diputada etarra de Bildu, insultó al Jefe del Estado, a nuestro Rey Felipe VI, le llamó autoritario, fascista, y a la Corona la definió de corrupta.
Todo eso, sin que el candidato a Presidente, dijera ni una sola palabra. Todo eso, sin que la presidenta de la Cámara, le llamase al orden como establece el Reglamento del Congreso de los Diputados, que por lo visto la señora Meritchel aún no ha leido.
Qué vergüenza de politicos, qué vergüenza de candidatos a gobernarnos a todos los españoles, qué vergüenza de tener que presenciar la falta de dignidad, donde todos afirman que se trata del templo de la Soberanía Nacional.
Qué vergüenza.
Por eso termino como he titulado. Que Dios nos coja confesados.
Laus Deo.









