Hubo un tiempo que en México DF existían dos plazas de toros, funcionando al mismo tiempo ambas: la Monumental y El Toreo de Cuatro Caminos. De las dos, la de El Toreo tenía una mayor antigüedad, aunque digamos que postiza, pues fue el resultado del desmantelamiento de la plaza El Toreo de la Condesa para ser reubicada, con una reconstrucción renovada, en Cuatro Caminos. Aquella plaza de El Toreo de la Condesa (inaugurada en 1907) se puede considerar, a todos los efectos, como el antecedente previo a la Monumental. Pero no su reubicación en Cuatro Caminos, pues estrenada el 23 de noviembre de 1947, es un año y nueve meses más moderna que la Monumental.
Vicente Sobrino
Foto: Anya Bartels-Suermond
El proyecto de construcción de la Monumental Plaza México parece que tiene su origen en el año 1939, aunque los planos no se conocieron hasta 1944. Un año después se iniciaron las obras, que se remataron en enero de 1946 para ser inaugurada el 5 de febrero de ese mismo año. Aquellos planos presentados en 1944 no se referían solo a la construcción de un recinto taurino, sino que este formaba parte de un ambicioso proyecto al que denominaron Ciudad de los Deportes, donde, además del coso, se pretendía construir una serie de recintos deportivos de considerable magnitud. Al final, la idea no fructificó y solo se edificaron la plaza y un estadio de futbol, el Estadio Azul donde juega sus partidos el Cruz Azul. Dos recintos vecinos, pero el que destaca sobremanera es la Monumental Plaza México.
La idea de esa pretendida Ciudad de los Deportes fue del empresario azteca, de origen libanés, Neguib Simón Jalife, que adquirió los terrenos para su propósito que, tal como lo había concebido, no se pudo llevar a cabo, entre otras cosas por el enorme coste que ello suponía. Simón confió las obras al ingeniero Modesto C. Rolland, que en 1944 presentó los planos, para iniciar las obras en junio de 1945. Fueron casi siete meses con cerca de 10.000 trabajadores trabajando día y noche en la que iba a ser la mayor plaza de toros del mundo: una verdadera obra faraónica. En enero de 1946 la plaza era ya una realidad, el domingo 3 de febrero fue bendecida por el arzobispo Luis María Martínez y dos días más tarde cuatro alguacilillos precedieron a las cuadrillas capitaneadas por Luis Castro “El Soldado”, Manuel Rodríguez “Manolete y Luis Procuna, que ante toros de San Mateo, ganadería propiedad de Antonio Llaguno, hicieron el primer paseíllo.
Una monumental plaza que entraba en la historia por ser la de mayor aforo del mundo, 42.000 espectadores aunque para ciertos eventos la cifra llegó a ser hasta de 50.000. El ruedo, de 43 metros de diámetro, está 20 por debajo del nivel de la calle. Cabe destacar la aportación valenciana a esta inmensa obra, en las esculturas realizadas por Alfredo Just Gimeno. Artista nacido en Valencia el 28 de febrero de 1898, republicano convicto y confeso, que tuvo que exiliarse a México tras la guerra civil. Just, que entre sus inquietudes tuvo la de querer ser toreo en su primera juventud, fue encargado para realizar las esculturas que circundan el muro exterior de la Monumental Plaza México, entre las que destaca, en lo alto de la puerta principal, un encierro de 14 metros de longitud. El resto del conjunto escultórico representa a diversos toreros españoles y aztecas, en un total de 24 obras. Alfredo Just murió en 1968 en Nogales (Arizona), sin que hubiera podido regresar a su patria chica.
Inauguración y toreros consentidos
Con toda la pompa posible, el martes 5 de febrero de 1946 se inauguró el colosal recinto. El Soldado, Manolete y Luis Procuna fue la primera terna que pisó su ruedo. Con los tendidos abarrotados, “Jardinero”, número 33, de la ganadería de San Mateo, fue el primer toro que saltó al ruedo.
Días después se cortó el primer rabo, honor que le cupo a Silverio Pérez, a la postre el primer ídolo de la nueva plaza.
Fue la tarde del 16 de febrero, en festejo mano a mano con Manolete.
Desde aquella lejana fecha del 5 de febrero de 1946 hasta nuestros días, la Monumental Plaza México ha sido un referente, no solo para la tauromaquia azteca, sino también para la de todo el mundo taurino. Un triunfo en aquel ruedo ha tenido similar repercusión a los que se puedan conseguir en la Monumental de Las Ventas de Madrid.
Hay una frase, nacida de la crítica mexicana, para definir aquellos toreros, tanto del país como españoles, que han sido ídolos del público monumentalino: “toreros consentidos”. A lo largo de la historia, la mayoría de las figuras del resto del planeta taurino han hecho el paseíllo en el llamado Coso de Insurgentes y obtenido destacados triunfos. Pero no todos ellos se han alzado con el título de “torero consentido” del público de aquellas calendas, por sus memorables éxitos en el citado coso. De los españoles, cinco toreros, correspondientes a diferentes épocas, pueden disponer de tan honorífico título. Primero Manuel Rodríguez “Manolete”, que antes de triunfar en la Monumental ya había logrado conquistar al público azteca a través de sus actuaciones en la plaza de El Toreo de Cuatro Caminos; Paco Camino, que al igual que Manolete, ya sabía lo que era ser un “consentido” por sus memorables tardes en El Toreo, que ratificó luego en la Monumental. A decir por algunos periodistas mexicanos, Camino ha sido el toreo español más “consentido” entre los “consentidos”. Años después emergió el nombre de Pedro Moya “Niño de la Capea”, que también fue idolatrado por sus actuaciones en La Monumental. El propio Capea ha manifestado más de una vez que el toro mexicano le descubrió el sentido del temple. Por orden de antigüedad viene Enrique Ponce, que desde sus primeras actuaciones fue considerado como un torero preferido. Y, finalmente, José Tomás, que le debe a México hasta su propia vida, tras el percance que sufrió en Aguascalientes y que le tuvo al borde de la muerte.
Por el contrario, la historia nos relata también a dos figuras del toreo español que fracasaron en su intento de conquistar la Monumental Plaza México: Miguel Báez “Litri” y Manuel Benítez “El Cordobés”, que no solo no lograron entrar en el corazón de los aficionados capitalinos, sino que fueron criticados con gran dureza por sus decepcionantes actuaciones en el citado coso.
Entre los toreros del país, las principales figuras siempre tuvieron un sitio importante entre las preferencias del aficionado de la Monumental. El primer gran ídolo local fue Silverio Pérez, al que siguió Luis Procuna, el llamado “Berrendito de San Juan”. Procuna, pocos años después de la inauguración de Insurgentes, fue protagonista de la que posiblemente es la mejor película taurina de la historia, por su profundidad y contenido: “Torero”, dirigida magistralmente por Carlo Bello. Ídolos de La Monumental, como digo, fueron la mayoría de las figuras locales, aunque el más venerado fuera el regiomontano Manolo Martínez, que es considerado como uno de los mejores toreros de la historia en México. Eloy Cavazos fue otro de los grandes preferidos del aficionado de la capital, seguido por una larga fila aunque sin llegar a los logros de los ya citados.
Este cinco de febrero de 2021, se han cumplido 75 años de la inauguración de La Monumental Plaza México, su denominación oficial. Si en temporadas anteriores la efeméride era evocada con la celebración de una de las corridas más esperadas de la temporada en aquella plaza, la pandemia del Covid ha frustrado celebrar el aniversario con todo el boato que merece. Habrá que esperar a 2022 para rememorar aquel 5 de febrero de 1946, para que suene “Cielo Andaluz”, pasodoble compuesto en 1912 por el aragonés Rafael Gascón, también emigrado a México a finales del siglo XIX, a cuyas notas las cuadrillas hacen el paseíllo en la Monumental. Instantes antes de que suene “Cielo Andaluz”, miles de gargantas gritan un tremendo ¡Olé! como señal de arranque del paseíllo.









