Domingo 11 de marzo de 2018. Plaza de toros de Valencia. Tres cuartos de entrada en tarde ventosa. Toros de Jandilla, bien presentados y de juego manejable. Juan José Padilla (burdeos y oro), saludos, silencio y oreja. David Fandila El Fandi (grana oro), palmas y silencio. Román (azul pavo y oro), oreja tras aviso en el único que mató. Entre las cuadrillas lució la excelente brega de Manuel Rodríguez al cuarto. Presidió Jesús Merenciano. Pesos de los toros por orden de lidia: 536, 537, 541, 530, 527 y 532 kilos. Román sufrió una cornada en la zona axilopectoral izquierda de unos 20 centímetros que secciona todo el músculo pectoral mayor que obliga a inmovilizar al torero al menos un mes, según el parte del doctor Cristóbal Zaragoza.
Enrique Amat, Valencia
La primera corrida de las fallas ofrecía argumentos como la despedida de Padilla, y el comienzo de la temporada de Román, quien afronta un año con grandes e importantes retos. El primero se despidió estoqueando tres toros con voluntad y profesionalidad. Y Román cortó una oreja de ley ante el único que pudo matar, dejando una inmejorable carta de presentación.
El bien presentado encierro de Jandilla no terminó de romper. Resultó manejable, tuvo fondo pero le faltaron finales y entrega. El primero metió la cara por abajo en el capote. Se dejó pegar en el caballo, tuvo tranco en banderillas y llegó al tercio final algo apagado debido al fuerte castigo sufrido en varas y la pésima lidia que se le dio. Tuvo fondo y bravura, aunque no acabó de romper. El segundo, bien presentado, también se dejó pegar en varas. Galopó en banderillas, pero fue a menos en el tercio final, y acabó muy aplomado. Se quedó corto de salida el tercero, que renegó en el peto, si bien luego tuvo su punto de exigencia y transmisión en la muleta. Más calidad y templanza exhibió el cuarto, aunque acabó desfondándose. El quinto, cuajado y serio, se vino abajo enseguida y muy aplomado, se defendió más de la cuenta. Y el sexto, tuvo clase, fijeza y movilidad.
Juan José Padilla dijo adiós a la afición valenciana. Muleteó con profesionalidad y solvencia al primero, que se lo había brindado a Ricardo de Fabra, en un trabajo esforzado y limpio, en el que no terminó de cruzarse. Mató de una estocada tendida y contraria. Frente al cuarto no terminó de estar a gusto, en un trasteo deslavazado y poco convencido. Y al que tuvo que matar en sustitución de Román lo pasó de muleta con más vibración y fibra, entregado y dispuesto.
Por su parte El Fandi estuvo en la línea que se esperaba de él. Saludó con dos largas a su primero, al que banderilleó sobrado de facultades y espectacularidad. Con la muleta no pasó de afanoso y tesonero en un trabajo de rústica firma y escaso argumento. Y se repitió la misma historia ante el quinto, al que colocó hasta cuatro pares de banderillas, pero no se centró con la muleta ante un astado que se defendió y llevó la cara por las nubes. Lo mejor fue la estocada con la que lo despenó.
Román hizo el primer paseíllo de una temporada ilusionante y de gran responsabilidad. El rubio coletudo liceísta de Benimaclet convenció a los asistentes en el único astado que pudo matar. Tuvo impronta el inicio de su faena el tercero, que se le vino de sorpresa antes de poder brindar y al que enjaretó cuatro estatuarios todavía con la montera en la mano y la muleta sin montar. Firmeza, asentamiento de plantas, sinceridad y disposición fueron los ingredientes de una faena en la que muleteó con sometimiento, mano baja y templanza, siempre dejando la muleta muy puesta en la cara del toro, al que ayudó a romper para delante. El epílogo del trasteo tuvo emotividad y verdad. Entró a matar volcándose en el morrillo, siendo volteado y sufriendo una cornada en la axila izquierda que le impidió continuar la lidia.
Foto: Cogida de Román (SCP)









