Oreja para Talavante

El poco juego del ganado condicionó el festejo.

 

Las Ventas, 29 de mayo.

Decimoséptimo festejo de la Feria de San Isidro.

Lleno de “No hay billetes”

Toros de Juan Pedro Domecq.

Morante de la Puebla, bronca y silencio.

Alejandro Talavante, silencio y oreja.

Pablo Aguado, silencio tras aviso y silencio.

 

 


Miguel Ángel Herráiz

Foto: Plaza 1

 

 

Alejandro Talavante mostró el importante momento de su carrera en el que se encuentra, manejando la izquierda con verdad, sometiendo, unciendo, rematando atrás, provocando el entusiasmo de antaño y con un público que pidió las dos orejas, pero el Presidente al colocar la estocada caída, solo concedió una. Morante con un primero que soltaba mucho la cara y otro que no acabó de romper, no pudo practicar su toreo. Pablo Aguado asentado y con el capote recogido, moviéndolo con torería y expresión dejó momentos de inspiración deteniendo el tiempo a la verónica. Los toros de Juan Pedro Domecq, todos cinqueños, desiguales de presencia, justos de fuerza, con escasa entrega y sin transmisión ni colaboración, salvo el bravo quinto, con clase y nobleza.

Morante de la Puebla recibió a su primero intentando fijarlo y solo pudo estirarse en una verónica. Brillaron en banderillas Joao Ferreira y Alberto Zayas. Excelente lidia de Curro Javier. Inició con la muleta entre las rayas con dos trincherazos y un molinete de cartel. Lo intentó por el derecho pero la violencia del embroque y el levantamiento de cara impidió la limpieza de los muletazos y el lucimiento. Acortó la faena. El desacierto con los aceros provocó el enfado del público. A su segundo le recibió por verónicas sin decidirse a bajar la mano. Con la muleta de inicio se lo pasó en el tercio por ambos pitones, bajando el engaño y toreando despacio. Por el derecho en los dos primeros pases acudió con prontitud, se paró y solo pudo darlos de a uno. Le dio su tiempo entre series para no obligar. Retomó el izquierdo y empezó a tocar tela, quiso dar profundidad y la embestida descompuesta, el soltado de cara y la mengua en el recorrido impidió que aquello remontara.

Ajejandro Talavante saludó con tres sentidas verónicas a pies juntos ganándole terreno y dejándolo en el tercio, con el beneplácito del público. De rodillas y sin probaturas se lo pasó con ajuste. En pie prosiguió por el pitón izquierdo dándolos con la intermitencia que permitió el toro, reestructurando terrenos y sin poder impedir que terminara punteando la muleta, no saliendo limpios los pases. El toro fue a menos y no hubo forma. Su segundo no se enceló con el capote y estuvo pendiente de lo que se movía en el callejón. Inició con la muleta firmemente asentado entre las rayas con ayudados a pies juntos. Por el izquierdo los naturales y el abrochado de pecho fueron de calidad y con transmisión. Las siguientes series por el mismo pitón fueron a más, respondiendo a los toques, llevándolo con ritmo, bajando la mano, uncido, dejándoselo detrás y conectando con el público. Muy aplaudidos fueron los doblones finales incluidos los mirando al tendido. Lástima que la estocada quedara algo baja.

Pablo Aguado instrumentó a su primero cuatro lentas, templadas y armoniosas verónicas con remate de media al mismo nivel. El quite del perdón de Morante por verónicas, cerca de la raya del tercio, fue del gusto de los tendidos. Replicó Aguado por chicuelinas y pareciera que las estuviera dando en el patio de su casa, espléndidas. Junto al tercio con la muleta derrochó naturalidad no encontrando entrega por parte del toro, que salió suelto buscando tablas. Se cruzó, tocó con autoridad y el toro fue a menos buscando su querencia. En el último de la tarde su toreo lento a la verónica alcanzó una cota difícilmente igualable. En la muleta el astado tuvo poca fuerza, rebrincó, apenas pasó y no dio opciones.