Oreja para Ginés Marín y Aarón Palacio en el arranque de La Magdalena.
Castellón, 8 de marzo.
Primera de la Feria de La Magdalena.
Menos de media entrada.
Toros de La Quinta, bien presentados y nobes en conjunto.
Ginés Marín (de verde oliva y plata), ovación y oreja.
Aarón Palacio (de pavo y oro), ovación y oreja tras aviso.
Javier Zulueta (de rosa pálido y oro), silencio en los dos.
Se desmonteró Mambrú .
No hubo respuesta por parte del público ante lo ofertado en la corrida que abría la feria de La Magdalena, en la que, ya de entrada, el anuncio de toros de La Quinta hubiese merecido mayor atención por parte de una afición que se supone torista. Es la de Martínez Conradi una de las ganaderías más en forma de la actualidad y que, además, el año pasado marcó un hito en esta plaza con el indulto por parte de Ferrera de “Ruiseñor”, el primer toro al que se perdonaba la vida en este coso. Sin embargo, el encierro lidiado este año no tuvo el nivel de la pasada temporada y no hubo cántico. Aunque tampoco ningún pájaro.
Ginés Marín se lució al recibir al que abrió plaza y feria, al que se dieron muchos capotazos para llevarle al caballo, acusando también el castigo, blandeando y quedándose corto. Pero, aun sin humillar, fue a más, como a más fue el trasteo de Marín, destacando en un par de series al natural con profundidad y enjundia.
Perdió las manos ya al salir del caballo el cuarto, aunque Marín supo afianzarle a base de temple y pulso, brillando de nuevo al torear al natural con mucha lentitud y empaque, sin dejarse nada en el tintero, llevándose la primera oreja de la feria pese a que la estocada fue defectuosa.
Se fue suelto del peto el segundo, que tuvo celo en la muleta, acometindo con prontitud y fijeza. Aarón Palacio no desaprovechó esta circunstancia en un quehacer entregado y animoso hasta que su oponente fue perdiendo fuelle y le levantó los pies del suelo en su afán por apurarle.
Salió a por todas Palacio ante el quinto, que peleó con ímpetu en varas. Porfió aragonés en busca de lucimiento ante un toro incierto que acabó dándole otra voltereta que le puso al personal a favor y le procuró una oreja pese a matar mal.
Más revoltoso fue el tercero, con el que Javier Zulueta derrochó ganas en pos de un lucimiento que llegó con cuentgotas y sin lograr conectar con el público.
Acusó el sexto el castigo en el primer tercio, parándose pronto y embistiendo sin gran entrega. Tampoco su matador anduvo fino.