No ocultó su simpatía hacia la Fiesta.
Barcelona.- José R. Palomar.
Ayer viernes se nos fue una persona querida por todos (y no es tópico en este caso) Jose María Gay de Liébana: economista, abogado y profesor. Hombre de reconocida trayectoria en el campo de la Economía, especialidad donde fue profesor. Y conocido por sus apariciones en todos los medios de comunicación: prensa, radio y televisión. Se hacía con la gente, por su particular forma de explicar- de forma didáctica y cotidiana- un terreno árido como la economía. Nunca ocultó su simpatía hacia la Fiesta. Y no en vano fue alumno en la facultad de Empresariales, donde años después ejercería la docencia, del profesor Santainés.
La noticia cayó como un mazazo, por la simpatía y el carisma que desprendía Gay de Liébana. Padecía un cáncer de riñón desde hacía siete años, con el que lidió con dignidad, y sin dejar nunca de trabajar. Fue profesor de Contabilidad y Economía Financiera en la Universidad de Barcelona. Recibió numerosas distinciones y premios, como el de Excelencia Académica de la ACCID. Publicó libros como “La burbuja del fútbol”, que le hizo comenzar a ser popular. Su gran pasión era el fútbol, en su condición de seguidor del Español, o sea “perico”. Incluso perteneció a su Consejo de Administración, siendo en la actualidad patrono del club. Y siempre hacía gala de ese elegante “forofismo” en sus intervenciones. Estas se desarrollaron en medios como Trece tv, La Sexta, btv, A-3; en el terreno radiofónico, desde hace años tenía un comentario diario en el programa “Herrera en Cope”, entre 7.30 y 9. Y escribía artículos en medios como Expansión, La Vanguardia, etc. Su último libro fue sobre la pandemia.
Pocos sabían que Gay de Liébana fue alumno del profesor Santainés (crítico taurino) por el que profesaba gran devoción. Este cronista se lo encontró en su funeral, hace ya siete años. En abril del 2016 viajó a Sevilla (por un tema profesional) y aprovechó para acudir a la Maestranza, invitado por Carlos Herrera para ver a Juan José Padilla. Y tuvo la gentileza de enviarme una “crónica” por washapp, aunque él no era un entendido, pero nunca ocultó sus simpatías hacia la Fiesta. Esa tarde ocupó una barrera junto a su mujer.
De su grandeza da fe, según contaron ayer en televisión, que hace una semana se despidió de sus amigos, intuyendo un fatal desenlace. Y decidió que su entierro no fuera un domingo, sino el lunes, pues “no quería fastidiarle el fin de semana a sus amigos”. Su capilla ardiente estará instalada desde mañana día 18 en el Tanatorio de Sant Gervasi. Descanse en paz un hombre bueno, en toda la extensión de la palabra.









