Dos faenas para la historia en la Corrida de Beneficencia.
Madrid, 8 de junio.
Corrida de Beneficencia.
Lleno de ‘No Hay Billetes’
Toros de Juan Pedro Domecq.
Morante de la Puebla, oreja y oreja.
Fernando Adrián, oreja y silencio.
Borja Jiménez, silencio tras aviso y silencio.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Corrida de la Beneficiencia con toros de Juan Pedro Domecq, cinqueños que en general cumplieron en los primeros tercios. En la muleta exhibieron variedad de comportamiento y tuvieron, con distintos matices, fondo medido. Morante de la Puebla salió por la Puerta Grande de la calle Alcalá con multitud de seguidores entregados al maestro. Su toreo con alma, verdad y arte llegó al corazón de los que vieron que ante la adversidad se crece, y si el toro no es todo lo bueno que se esperaba hay que entregarse más, para llegar donde el astado no pudo. En su primero el manejo de capote y muleta con series por ambos pitones tuvieron su inimitable impronta, en el otro emocionó con la izquierda donde pareció que no había posibilidades. Su actitud y oficio lo hicieron realidad. Fernando Adrián mostró lentitud y compás al recibir de capote a su primero; su inteligencia y buen hacer permitió mantener en pie, y pasar con dignidad, al noble de duración medida que le correspondió de segundo. Borja Jiménez no tuvo opciones en su lote, dio la cara citando de frente a su manejable primero, sin que el astado tuviera suficiente transmisión, el otro apenas se entregó y su sosería no dio para conectar con el público.
El primero de Morante no tuvo celo inicialmente en el capote. Cuando embistió lo hizo con nobleza pasándolo con inspiradas verónicas, chicuelinas y serpentina final. Se entregó en la primera vara siendo cuidado en la segunda. Fernando Adrián quitó con ceñidas gaoneras. Inició de muleta llevándolo con torería en ayudados por alto y largo remate de pecho. Por el derecho lo pasó con asentamiento, cercanía y pureza, templando con suavidad y dejándolo detrás de la cadera. Por el izquierdo fijó las zapatillas en el albero dándolos con profundidad, hondura y sabor. Su segundo no dio opciones con el capote. En varas se dejó pegar. Levantó la cara en banderillas. Inició de muleta con la derecha aguantando, llevándolo cercano, dándole confianza y sin exigirle. Continuó por el mismo pitón cuajándolos con mayor expresión, ligando a media altura, para no mermar el justo fuelle del astado, y sacándolos con la muleta planchada, armonía y añejo aroma. Por el izquierdo cuajó tres lentísimos naturales de a uno, tirando del astado y dejándolo detrás entre el clamor de los tendidos.
Fernando Adrián recibió a su primero por lances a pies juntos seguidos de poderosas verónicas, rematando con una cadenciosa y excelente media. Fue cuidado en varas. Inició rodilla en tierra con la muleta pasándolo por abajo y ganándole terreno. En pie continuó por el mismo pitón fijando las zapatillas, bajando la mano y templando con lentitud. Por el izquierdo, en el tercio, instrumentó una serie de seis ligados abrochando con el de pecho a pies juntos, pudiéndose ver la clase y el fondo del astado. Saludó a su segundo con tres faroles de rodillas junto a tablas, continuando por verónicas, chicuelinas y revolera. Empujó con fijeza en varas. Inició de rodillas en los medios con pases cambiados por detrás. Le exigió en las series posteriores, ligando, mermando así el justo fuelle en el resto de la faena y aunque perdió celo, con oficio consiguió mantenerlo pasando con nobleza aunque sin transmisión.
Borja recibió a su primero templando por verónicas. Con la muleta se puso en el sitio, citó dando el pecho, lo pasó estirando el brazo sacándolos con la muleta planchada. El escaso empuje y la falta de transmisión no permitió remontar. El último de la tarde no se entregó en el capote. Empujó en varas. En la muleta fue noble, le faltó empuje y careció de la fuerza suficiente para rematar los muletazos.
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