No consiguió trofeos por el uso del estoque pero dejó una excelente impresión.
Madrid, 6 de abril.
Plaza de Las Ventas.
Novillos de Sánchez Herrero.
Álvaro de Chinchón, silencio en su lote.
Manuel Caballero, silencio en los dos.
Miguel Andrades, ovación tras aviso y vuelta al ruedo tras otro aviso.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Festejo con novillos de Hermanos Sánchez Herrero y Aureliano Hernández (1º primero bis sobrero) que no se lo pusieron fácil a los toreros. Miguel Andrades estuvo con actitud y máxima entrega frente a su lote, no consiguió trofeos por el uso del estoque pero dejó una excelente impresión, fue volteado en varias ocasiones, emocionó al público, aguantó embroques violentos con levantamientos de cara, bajó la mano con riesgo, banderilleó ambos novillos, y cuando fue arrollado, levantado con violencia y perseguido, volvió a la cara con ganas y arrojo comportándose como novillero que quiere consagrarse y llegar a lo alto del escalafón. Álvaro Chinchón tuvo un primero bis exigente con el que exhibió muletazos de calidad por el pitón derecho, su segundo no dio opciones. Manuel Caballero mostró buen gusto y temple con su primero no pudiendo destacar con su pegajoso segundo. Los novillos tuvieron presencia, fueron complicados y poco propicios para el lucimiento, destacando el encastado y exigente tercero al que plantó cara Miguel Andrades siendo largamente ovacionada su labor.
Tres años, once meses y 505 kilogramos tuvo el primero bis de Aurelio Hernando que correspondió a Álvaro de Chinchón quien se lo pasó de muleta, acudiendo pronto, rebrincado, acostándose y enganchando el engaño. Consiguió ligar por el derecho a media altura y con calidad. Se defendió, por la izquierda apenas pasó. No estuvo acertado con el acero. Su segundo blandeó, tuvo poco recorrido y apenas se entregó. Por el derecho consiguió, sin bajar la mano, ligar cuatro muletazos. Por el izquierdo fueron de a uno sin humillar, con escasa acometividad y mínimo desplazamiento.
Solo admitió brega con el capote el primero de Manuel Caballero. Embistió al caballo con la cabeza levantada. En banderillas se fijó en todo lo que aconteció a su alrededor. En la muleta dio juego al principio cuajando aseados y templados muletazos. Por el pitón izquierdo se metió peligrosamente por dentro. Retomó el derecho y el astado fue a menos, Manuel se esforzó pero el escaso fuelle no dio para más. Cuatreño, con 510 kilogramos exhibió su segundo que se quedó corto en el capote impidiendo lucimiento alguno. Entró rebrincado, al comienzo de la faena de muleta, pasándoselo semigenuflexo Manuel y blandeando en el remate final. Por el derecho lo llevó a media altura en una serie larga, sin transmisión por la condición del novillo. Por el izquierdo fueron de a uno porfiando mucho y con escasa movilidad del novillo.
Con lentas verónicas, dos medias al ralentí y garbosa revolera Miguel Andrades saludó a su primero. Galleando con donaire lo llevó al caballo. Banderilleó con un primer par voluntarioso, el segundo desde muy cerca finalizando con otro de dentro afuera recortando graciosamente a la salida. Brindó al público. Encastado, peligroso y colándose acudió a la muleta ligándolo en dos series, bajando la mano y pasándoselo cerca. Junto a las rayas cambió al pitón izquierdo siendo levantado con violencia y buscado con saña en el suelo. Una vez repuesto volvió a la cara por el mismo pitón bajando el engaño, rematando atrás y con el público entregado. Prosiguió ligando por el derecho con series de calidad. Por desgracia no remató con el estoque una faena de trofeo. Saludó con una larga cambiada de rodillas al que cerró plaza. Después de colocar el primer par de banderillas fue alcanzado y volteado por el novillo. El segundo en la corta distancia. El último quebrando arriesgadamente por dentro. Comenzó poderosamente por abajo con la muleta. Aguantó con valor parones, soltadas de cara y peligro constante fijando los pies con asentamiento. El uso del estoque le privó de salir por la Puerta grande.









