Medio siglo de Esplá

Hoy se cumplen 50 años de la alternativa de Luis Francisco Esplá.

 

Tras tomar parte antes en una docena de novilladas, el 23 de mayo de 1976 llegó esa tan ansiada alternativa. Zaragoza fue el marco escogido y la Corrida de Benficencia la ocasión. Sin haber cumplido todavía los 18 años, Paco Camino, en presencia de Pedro Gutiérrez Moya “Niño de la Capea”, le convirtió en matador al cederle la muerte del toro “Desorejado”, perteneciente, como todos los lidiados aquella tarde, a la ganadería que por entonces tenía Manuel Benítez “El Cordobés”.
Pese al nombre del animal, el toro se fue al desolladero con las dos orejas en su sitio, no así el que cerró plaza y del que se llevó las dos que le permitieron salir a hombros por la puerta grande en una tarde de tanta trascendencia e importancia para él.
En menos de dos años, desde que comenzara a torear en serio, había pasado de matar becerritos a ser todo un matador de toros y a vérselas con toros hechos y derechos y a tener como compañeros y rivales a quien hasta hacía dos días habían sido sus ídolos. Pero no por eso se complejo y, muy al contrario, enseguida se adaptó a la nueva categoría y pese a ingresar en el escalafón superior con la temporada ya bien comenzada, todavía pudo sumar aquel año 45 corridas. En plena feria de San Isidro del año siguiente, el 19 de mayo, confirmó aquel doctorado en lo que fue también su presentación en la monumental madrileña. Curro Romero fue su padrino y Paco Alcalde el testigo en un festejo en el que se corrieron cuatro reses de Martín Berrocal, una de El Jaral de la Mira, y otra del conde de Ruiseñada.
Fue la gran novedad durante las siguientes temporadas, y su frescura, conocimiento de toros, distancias y terrenos, le granjearon la devoción de los aficionados más conspicuos tanto como del gran público que se entusiasmaba con las viejas suertes que recuperaba de las tauromaquia añejas, logrando, por ejemplo, un sonada triunfo, aún sin corte de orejas, en Madrid en una corrida del ciclo isidril de 1981, al lidiar por la cara y sobre las piernas a un manso y peligrosísimo toro de Félix Cameno. Pero también encandilaba con sus espectaculares tercios de banderillas, llegando el caso de tener que dar la vuelta al ruedo tras cumplir con el segundo tercio, tal y como sucedió también en Madrid el 29 de mayo de 1979, tras parear impecablemente a un toro de Pablo Romero.
A lo largo de su amplia y dilatada carrera, muchas fueron las veces que dio muestras no solo de su poderío ante los toros, sino también de una firme convicción, en sus posibilidades y en su real valía, lo que le permitió una cierta independencia que se tradujo en poderse permitir torear donde él quiso, y al precio que pedía, sin someterse a componendas ni a admitir presiones. Su personalidad siempre brillo con luz propia, y con el tiempo adquirió una serenidad en la plaza que sirvió para disolver muchas dudas que podían malinterpretar sus intenciones o distorsionar su quehacer. Es un claro ejemplo de la aplicación consciente de la inteligencia ante los toros y puso sus portentosas facultades físicas al servicio de su creatividad e inspiración.

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