Roca Rey salió a hombros tras una actuación tan valiente como entregada.
Valencia, 9 de octubre
Primera de la Feria de la Comunidad Valenciana.
Lleno.
Cinco toros de Álvaro Núñez y uno, primero, de Torrealta. Desiguales de presencia, justos de fuerza y de poco juego.
Morante de la Puebla (de grana y oro), ovación y ovación.
Roca Rey (de azul pavo y oro), oreja tras aviso y oreja con otro aviso.
Tomás Rufo (de grana y oro), oreja y silencio.
Del peonaje destacaron Viruta y Fernando Sánchez.
Al final del festejo se cortó la coleta Gómez Pascual, que actuó con Roca Rey.
Paco Delgado
Foto: Mateo
Dos años y medio después de su última actuación en esta plaza, en fallas de 2024, Morante volvía al coso de Monleón. Y lo hizo en medio de una enorme expectación. No en vano estaba acompañado por la otra gran figura de ahora mismo, Roca Rey. Y eso se notó hasta en las inmediaciones del hotel donde se alojaban, cercado de aficionados, admiradores y curiosos que querían hacerse una foto con los toreros. Y gradas y tendidos llenos a reventar. Se vuelve a demostrar que cuando se anuncian cosas que interesan, la gente acude. Sea por San Jaime o por San Dionisio.
Se medio lució Morante en las verónicas de recibo al que abrió la función y entusiasmó Roca en un quite espectacular por tafalleras y chicuelinas rematado con una muy airosa revolera. No anduvo con probaturas el de La Puebla para iniciar la faena, haciendo que sonase la música en su primera serie. La poca fuerza del toro le obligó a un planteamiento en el que todo lo hizo a favor de su oponente, dejando un puñado de detalles sueltos de lujosa orfebrería aunque el trasteo no tuviese contundencia. Una banderilla le desvío el estoque sin llegar a hacer carne y la siguiente estocada, desprendida, tumbó sin puntilla al de Torrealta.
Cuatro faroles y otros tantos delantales para recoger al cuarto demostraron de nuevo su personalidad. Tampoco ahora perdonó su quite Roca, ni Morante la ocasión de demostrar que es distinto y especial hasta cuando en un desarme jugó con su oponente, un toro parado y renuente que impidió luego el lucimiento y que le obligó, como 30 meses antes, a salir por su pie.
Empujó en varas el segundo y esperó también lo suyo en banderillas, obligando mucho a Viruta. Llegó distraído a la muleta y el peruano forzó la suerte con sus pases cambiados por la espalda de rodillas que pusieron a todos de su parte. Faena muy firme, vertical, seria, copando la atención de todos. Hasta de los que manejaban un helicóptero de la policía que molestó de lo lindo, encima del ruedo. Arrimón, estoconazo, oreja.
Muy desentendido el quinto, que no quiso saber nada de capotes, caballos ni banderillas. Ni de la muleta, saliendo suelto a recorrer el redondel a lo loco en busca no sabía de qué. Por fin, a base de insistencia y dejarle el engaño puesto, Roca lo consiguió fijar en los medios, tirando de él como si lo llevase amarrado con una soga y cerrando cualquier puerta por la que hubiese podido escapar su antagonista. Incansable, buscó en todo momento si no el lucimiento estético, imposible con este animal, sí el dejar constancia de su pundonor y ganas. Otro espadazo inapelable, oreja y puerta grande. El triunfo también llega con el trabajo y la constancia.
Cogido con alfileres, muy protestado el tercero, no tuvo otra obsesión que buscar las tablas, renunciando a la pelea descaradamente. Rufo, muy dispuesto, le persiguió hasta acorralarle y sacarle todo lo que tuvo en un trasteo afanoso y de mucha voluntad premiado por la estocada final.
Tampoco le quedó otra que derrochar ganas y esfuerzo por hacer que el sexto, aplomado y a menos, siguiese su franela en un intento de lograr algo positivo que le permtiese salir a hombros. Pero no hubo caso.






