Samuel Navalón abre la puerta grande y Marco Pérez la pierde con la espada.
Alicante, 21 de junio
Tercera de feria.
Media entrada.
Cuatro toros de El Puerto de San Lorenzo y dos de La Ventana del Puerto, primero y sexto. Desiguales de presencia y de poco juego.
Víctor Hernández (de purísima y oro), ovación y silencio tras aviso.
Samuel Navalón (de corinto y oro), dos orejas y ovación.
Marco Pérez (de lila y oro), oreja tras aviso y ovación.
De las cuadrillas destacaron El Puchano y Javier Perea.
Paco Delgado
Fotos: Verónica Soriano
El tirón que tiene la cosa de la pelota y el que España jugase un partido del Campeonato Mundial de fútbol contra la temible selección árabe hizo que el tercer festejo del abono de Hogueras retrasase su inicio una hora. Lo que se agradeció, sobre todo por el calor, que a las 20 horas ya era mas soportable que sesenta minutos antes.
Y si nuestros internacionales golearon, la terna actuante en Alicante estuvo muy por encima del ganado, que no dio facilidades ni acabó de romper. El quinto pareció tener mucho mejor aire de salida y con él volvió a lucirse a la verónica Samuel Navalón. Tuvo buen tranco el toro y le dejaron crudo en el primer tercio, llegando claro e incansable al ultimo tercio, aunque luego fue cambiando, y aunque pronto, su ritmo fue irregular y acabó áspero. Se echó el valenciano pronto el engaño a la zurda, aunque no siempre hubo limpieza en el trazo, sacando todo lo que tuvo su oponente sin alargarse inútilmente, tardando más de la cuenta a la hora de matar.
Con dos largas de rodillas recibió Navalón a su primero, luciéndose luego al veroniquear ya erguido y en el quite. Supo después darle la distancia que pedía su oponente para poder ligar los muletazos antes de meterse entre los pitones para redondear un trasteo intenso y siempre a más.
Empujó en el caballo el tercero, con el que Marco Pérez anduvo fácil y suelto, poniendo a la plaza en pie con su inicio de faena rodilla en tierra, sujetando a su oponente luego a contraquerencia para evitar que el toro se rajase, dejando ver una cabeza despierta y muy bien amueblada, apurando al de El Puerto y dando mucha fiesta a la concurrencia.
Se aplomó pronto el sexto, muy justo de fuerza, yéndose al suelo cuando se le pidió entrega. Era obligarle lo mínimo y derrumbarse, recurriendo el salmantino al arrimón para buscar un triunfo que perdió al pinchar.
Víctor Hernández pechó con el lote más deslucido. Salió muy parado el toro que abrió plaza, manso en el caballo, y desentendido hasta que su matador, tragando mucho, lo fijó en los medios y lo enganchó a la muleta para sacarle todo lo que tuvo en una faena tan valiente como técnicamente perfecta que la gente no acabó de ver.
Blandeó de salida el cuarto, un tanto descompuesto en los dos primeros tercios. Primero de pie derecho y luego de rodillas mostró su disposición para someter a un animal rebrincado y que embestía a oleadas y que al verse superado buscó refugio en las tablas. El madrileño anduvo muy firme y tesonero, justificándose de sobra.









