Sólo ovaciones en una tarde de toros con emoción.
Madrid, 2 de octubre.
Plaza de Las Ventas.
Segundo festejo de la Feria de Otoño.
Casi lleno.
Toros de Alcurrucén.
Diego Urdiales, de nazareno y oro, ovación y ovación tras aviso.
Fortes, de espuma de mar y azabache, silencio tras aviso y silencio.
Christian Parejo, de aguamarina y oro, ovación y silencio.
La corrida se tuvo que parar media hora por una tremenda tormenta que cayó sobre Madrid.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Segundo festejo de la Feria de Otoño con toros bien presentados de Alcurrucén, variados de comportamiento que dieron juego colaborando con los toreros, en general, salvo los lidiados como quinto y sexto de la tarde. Diego Urdiales demostró, con capote y muleta, lo que es ralentizar el toreo cuajándolo con despaciosidad para llevar al toro como el torero quiere. Fue ovacionado en ambos por su toreo de expresión, temple y suavidad. Fortes se la jugó en su lote destacando en su primero al pasarlo de capote con armonía y bajar la mano en la muleta, también lo intentó con el otro pero no dio opciones. Christian Parejo lo dio todo por naturales, en el último de la tarde quiso pero su mansa condición no le permitió lucirse. Al finalizar la lidia del primer toro se suspendió la corrida hasta que amainó la lluvia.
Suelto de salida fue el primero, cinqueño, de Diego Urdiales. En varas se dejó en la primera, que resultó trasera, la segunda fue mero señalamiento. Urdiales quitó por chicuelinas conectando con el respetable. Fortes lo hizo por el mismo palo y al instrumentar una tafallera cayó sobre el albero, con el consiguiente peligro, por suerte la cosa no fue a más. Inició de muleta mostrándolo desde tablas hasta las rayas con poderosos doblones, en los que metió bien la cara. Por el derecho se afligió el astado. Comenzó el aguacero, se puso en el sitio y por el izquierdo exhibió templados naturales de a uno, mostrándolo con suavidad, ralentizando la embestida, dándole recorrido, alargando el brazo y derrochando torería. El desafortunado uso del estoque privó la obtención de trofeo. Su segundo, cinqueño, huidizo y algo tardo embistió sin entrega en el saludo capotero. En varas se dejó en la primera, la segunda fue leve. Brindó al público. En la muleta fue colaborador y noble. Por el derecho lo pasó corriendo la mano con suavidad, lentitud, bajando el engaño y abrochando con expresivo pase de pecho. Por el izquierdo, aunque el toro fue de medio viaje, Diego puso tanta verdad y pureza que el medido recorrido, justo brío y entrega tasada del astado, fueron superadas por la incondicional disposición del torero quien derrochó arte y oficio sin tacha para paliar carencias, conectando al unísono con el público. El desafortunado uso del acero privó la obtención de oreja.
Fortes se lució por verónicas bajando el capote y rematando con excelente media al recibir a su primer toro, cinqueño. En varas cumplió. Brindó al público. Inició de muleta con largos y mandones doblones. Remató las series por arriba sufriendo deslucidos enganchones. Corrigió, bajó la mano, ligando con suavidad y valor por el derecho. Menor recorrido tuvo por el izquierdo pero salieron con limpieza. Las cercanas bernadinas finales gustaron al respetable. Su segundo, cinqueño, exigente y áspero embistió con la cara alta en el capote. Se dejó en varas. Descompuesto acudió a la muleta y aunque lo intentó por ambos pitones el tardeo y genio que mostró dificultaron cualquier posibilidad de lucimiento.
Christian Parejo recibió por naturales a su primero. En la muleta destacó por naturales de buena ejecución siendo volteado en un descuido. Volvió con gallardía a la cara, estoqueó con entrega y fue espeluznantemente levantado del albero, sin mayores consecuencias. El manso y peligroso que cerró plaza no dio opción en el capote. Soportó parones con la muleta y aunque lo intentó no hubo forma.







