Era un escritor brillante y un buen aficionado. No redactaba crónicas de festejos; no publicaba libros de historia del toreo; sin embargo, incardinaba a la perfección la tauromaquia en sus novelas, relatos y artículos.
Jesús Javier Corpas-Mauleón
Entre otros, ganó el Premio Nacional de Literatura con La Fiel Infantería y el Premio Espejo de España con La Gran Esperanza. Hoy el sectarismo e indigencia intelectual del gobierno y medios afines lo pretenden ocultar. Quizá porque su pluma era valiente de punta acerada; quizá porque no se vendía; quizá porque en sus textos no se tapaba nunca. Y es que Rafael García Serrano manejaba una prosa clara, limpia y directa, capaz de pasar del humor a la denuncia y de esta a la poesía sin un crujido; canto y trueno.
Aunque en todos sus libros aparece la Fiesta Nacional, estimo como más taurino el titulado Las vacas de Olite (y otros asuntos de toros). También del autor Plaza del Castillo, El domingo por la tarde, Cuando los dioses nacían en Extremadura, Diccionario para un macuto, Los ojos perdidos, Frente Norte, La ventana daba al río, Eugenio, Bailando hasta la Cruz del Sur, Los Sanfermines y muchos más. No fallaban sus exitosas columnas en notables periódicos. Asimismo, tenía en su haber veintidós guiones de cine y muchos de televisión, además de dirigir diarios y revistas, o una importante agencia de información de la época. La muerte de Manolete le hizo replegarse un tanto de las plazas, aunque aún acudió a ellas más que muchos. Y continuó sintonizando todas las corridas que retransmitía RTVE antes de que el PSOE las censurase.
Las Vacas de Olite comienza con capítulo de idéntico título. Le siguen: Los tranquilos veranos de Manolete, La terna de este otoño, Un hombre en el Ruedo Ibérico, Ni la muerte le faltó, Pasodoble y Requién por un amigo pródigo, Cronicón del “borrego” Tenorio, “Diosecito” rapta a Europa, para cerrar con Los toros de Iberia.Concha y Sierra, Juan Belmonte, Antonio Ordoñez o su amigo Hemingway son nombres en sus páginas.
Y es un gozo leerle. Porque Rafael era un escritor brillante y un buen aficionado.







