Valencia, 7 de octubre. Segunda de feria. Un cuarto de entrada
Novillos de Los Maños, desiguales de presentación pero de, en conjunto, buen juego.
Jesús Chover (de azul noche y oro), silencio con aviso y oreja.
Borja Álvarez (de sangre d toro y oro), silencio con aviso en su lote.
Cristian Climent (de azul pavo y oro), silencio en los dos.
De las cuadrillas destacaron Daniel Palencia y Raúl Martí.
Valencia. Paco Delgado
Discurría la tarde gris, ventosa y, sobre todo, aburrida. Se habían arrastrado tres novillos y no había pasado nada. Pero en el cuarto, Jesús Chover se fue brindar a su apoderado, Vicente Ruiz “El Soro”, que tras su reciente infección en la pierna izquierda, anda pachucho y estaba ubicado en la meseta de toriles en una silla de ruedas. El Soro se fue arriba, saludando en medio de una fortísima ovación -la primera de la tarde- y la función se encarriló. Su poderdante planteó su labor muleteril muy de cara a la galería, aunque cambió luego de registro, consintiendo mucho y toreando con la derecha con no poco temple y mano baja, consiguiendo la única oreja de la tarde al matar con prontitud.
Antes, como digo, nada. Chover se fue a porta gayola a recibir a un primer novillo de comodísima cabeza al que castigaron mucho en varas, lo que acusó negativamente en el último tercio, sacando el valenciano luego un buen par de tantas con la mano derecha en una faena no más que voluntariosa.
Empujó con ganas el segundo en el caballo, arrancándose con alegría y desde lejos. Tuvo también calidad pero muy poca fuerza. Aún así, Borja Álvarez, muy dispuesto, saco varias tandas de derechazos de buen trato en una labor a menos conforme se fue apagando su oponente.
Cristian Climent se hechó enseguida la muleta al izquierda con su primero, otro novillo de muy pobre cabeza pero que tuvo en vestidas claras y humilladas en la primera parte de su Lidia. Luego el de El Puig se empeñó en torear por el pitón derecho y ahí hubo más enganchones y dudas, declinando así una labor que acabo muy difuminada.
Una desigual novillada de Los Maños, con varios ejemplares sin trapío, sirvió de base a la segunda función de la miniferia del Día de la Comunidad Valenciana y que, pese al buen juego en conjunto del ganado, discurrió con más pena que gloria, sin seguir la estela triunfal que dejó la lidia del cuarto.
El quinto, más serio y aparente, fue aplaudido de salida. Pero sólo tuvo fachada, llegando a la muleta muy parado y protestando continuamente, sin que su matador acertase a bajarle la mano ni a someterle, tardando, además, mucho a la hora de matar, en tanto que el que cerró plaza puso en apuros a Climent cuando le saludó de capa y no humilló nunca, embistiendo descompuesto y a la defensiva, sin dar opción alguna a un novillero que tampoco lo vio claro.









