Enrique Ponce, que ya había cortado una oreja y tenía la puerta grande al alcance de la mano, resultó cogido y sufre una grave lesión de rodilla.
Valencia, 18 de marzo. Novena de feria. Tres cuartos de entrada.
Dos toros de Los Espartales para rejones y, para lidia a pie, tres de Olga Jiménez y uno, tercero, de Parladé, desiguales de presencia y juego.
Diego Ventura (de burdeos y azabache), silencio y oreja.
Enrique Ponce (de blanco y azabache), oreja y cogido por su segundo.
Toñete (de lila y oro), silencio en los dos.
De las cuadrillas destacó Miguel Martín.
Enrique Ponce fue cogido por el cuarto, sufriendo una cornada en la parte superiro de la parte posterior del muslo izqueirdo y una grave lesión en la rodilla izquierda.
Tres cuartos de entrada.
Paco Delgado
Todo discurría, más o menos y dentro de un orden, conforme al guión previsto y la fiesta se encaminaba a su final brillante y apoteósico. La novena función del abono se había querido aprovechar como homenaje también al centenario del Valencia C.F. y para ello Enrique Ponce había salido ataviado con los colores del club valencianista, un blanco y azabache que es combinación que por primera vez vestía el torero de Chiva, que hacía, además, su paseíllo número sesenta en la feria de fallas y que estaba a un paso de conseguir su cuadragésima salida a hombros por la puerta grande. Cifras de récord que llevaban camino de convertirse en realidad puesto que en su primer toro ya había paseado una oreja, la sesenta y cuatro en su cuenta de fallas, tras haber cuajado una faena de ciencia y paciencia a un toro astifino y bien armado, engatillado, con el que se fue a lo que llaman “la oficina de Dámaso”, el rincón del ruedo entre el nueve y el diez, cerca de la puerta de cuadrillas, donde hay más resguardo contra el viento.
Su segundo, feo y desgarbado, fue noble y bonancible de salida, toreando Ponce a placer y estando muy por encima de su oponente. Tan a placer y tan por encima que puede que acabase por perderle el respeto y al rematar un pase de pecho el animal le enganchó por detrás, por el muslo izquierdo, levantándole los pies del suelo y arrojándolo contra el suelo. Cuando se incorporó se vio enseguida que la rodilla izquierda le fallaba y que no le sujetaba, echándose las manos a la articulación para sujetarla y siendo llevado a toda prisa a la enfermería, donde se confirmó que, además de una cornada en la parte superior del muslo izquierdo presentaba una seria lesión en esa rodilla. Toñete se hizo cargo del toro, convirtiendo una más que posible oreja en un silencio sepulcral en la plaza al tardar mucho con el estoque.
Justo cinco años antes, el 18 de marzo de 2014, Enrique Pnce sufría en esta misma plaza una de las más graves cornadas de su carrera, al ser enganchado por un toro de Victoriano del Río que le produjo una muy grave herida en la axila dwrecha que llegó hasta el cuello y que a punto estuvo de tener consecuencia fatales.
Diego Ventura paseó una oreja tras acabar con su segundo, tras una actuación un tanto irregular, con algunos desajustes y hasta momentos de apuro pero que recondujo finalmente. Con su primero, con el que anduvo fácil y sobrado, perdió el premio al fallar con el rejón de muerte y el verduguillo pie a tierra.
No hubo manifestaciones especiales para Toñete, que toreó a mucha velocidad y sin asumir compromiso alguno, no llegando a interesar a la concurrencia y sin justificar su inclusión en este cartel ni su presencia en esta feria.









