La dignidad de Escribano

Un quinto bueno permitió al sevillan cortar la única oreja de la función.

 

Sevilla, 8 de mayo.

Decimocuarta de feria.
Tres cuartos de aforo completado.
Toros de Miura, bien presentados, nobles, sin humilacción ni recorrido a excepción del quinto.

Manuel Escribano, ovación, ovación, silencio, palmas, oreja y ovación.

 


Pepe Ruciero

Foto: Toromedia

 

Por fin se podía escuchar a la banda del Maestro Tejera, volvió el silencio a La Maestranza. No fue la tarde soñada de Escribano, pero si se puede constatar que anunciarse en La Maestranza con seis miuras es motivo suficiente para la satisfacción y prestigio de este torero que ha pasado con solvencia y dignidad este importante reto en su carrera. La corrida, bien presentada y noble, adoleció de recorrido y fondo a excepción de quinto, al que Escribano arrancó una merecida oreja.

Al primero de la tarde, de nombre Velador, lo recibió con una larga cambiada de rodillas; continuó con voluntariosos lances y una media. Lo cuidó en el primer puyazo y lo puso de lejos en el segundo, arrancándose con prontitud y alegria. Se lució en un quite por chicuelinas y se gustó en banderillas, en tres soberbios pares muy aplaudidos. El noble Miura, sin humillar, acusaba al final del muletazo su falta de entrega con derrotes que deslucían la composición. Con la zurda estuvo firme y de nuevo por la derecha le arrancó algunos pases sin llegar a romper.

Con su segundo se fue a portagayola y estuvo vibrante con tres medias que levantaron a los espectadores. Cogió los palos y estando variado en la suerte. Desde los medios, lo citó con dos pases cambiados por la espalda con quietud pasmosa. Las arrancadas apenas duraban tres encuentros, al cuarto el de Zahariche lo buscaba. Birló algún muletazo con habilidad y perdiéndole paso.

Salió el tercero echando las manos por delante, sin opciones para el lucimiento. Tuvo el detalle de compartir banderillas con José Chacón y Fernando Sánchez, que salieron a saludar tras un arriesgado y emocionante par de Escribano. Toro con síntomas de endeblez. Lo llevó a media altura por ambos pitones, sin posibilidades de llegar a ningún puerto.

De nuevo a portagayola con el valor y mérito añadido. Toro de embestida brusca y poco recorrido. Le dio distancia desde la boca de riego en el segundo puyazo, destacando el picador Manuel Jesús Ruiz Roman. Quite por delantales con prestancia. Con las banderillas Escribano estuvo fácil y con recursos. Tras brindar a Morante presente en el callejón, inició cuna faena sobre la zurda  en el mismo son, ya que el toro adolecía de humillación y entrega.

El quinto, un toro con mucha alzada, salió suelto y cuando acudió al capote de Escribano perdió las manos. En esta ocasión compartió banderillas en mano a mano con Fernando Sánchez. El miura se arrancó con prontitud y recorrido en la franela y Escribano lo entendió muy bien. Insistió con la mano baja, templó con series de poder y mando al toro más colaborador de la corrida. Por tercera vez en esta tarde, se fue a la puerta de chiqueros, donde recibió a portagayola a su último toro. Muy decidido en banderillas destacando un arriesgado par al quiebro. De rodillas desde los medios citó y lo recogió con suavidad y templanza sobre la diestra. Se gustó en una serie por la izquierda y continuó con la derecha mimando a su toro que acusaba la falta de fuerzas y fondo.