La beneficencia de Morante

De no haber fallado con el estoque habría salido por la Puerta Grande.

Las Ventas, 1 de junio.

Vigesimoquinto festejo de San Isidro.

Corrida de Beneficencia.

Lleno.

Toros de Alcurrucén, de buena nota.

Morante de la Puebla, pitos y oreja.

El Juli, ovación y silencio.

Ginés Marín, ovación y ovación.

 


Miguel Ángel Herráiz

Foto: Plaza 1

 

Corrida de la Beneficencia, con toros de Alcurrucén de los que cuatro se dejaron y contribuyeron a que se disfrutara una tarde de toros con la vistosidad y entretenimiento que tal ocasión merece. Es tradición que los matadores que estén en un excelente momento profesional sean los que intervengan en esta corrida con larga tradición y recordadas tardes sobre el ruedo de Las Ventas. Este año no ha sido la excepción y se ha podido ver a un Morante con embrujo, abduciendo al público asistente a un espectáculo de delirio colectivo cuando veía a ese artista exhibiendo entrega, misterio, naturalidad, armonía, belleza y torería.

Morante tuvo un primero con poca fuerza, tardo y escaso de recorrido al que saludó con cuatro templadas y acompasadas verónicas rematadas con una media de las suyas, es decir de cartel. Inició con la muleta en tablas y lo dejó en el tercio. Optó por el pitón derecho, insistió en repetidas ocasiones y el toro no le permitió quedarse quieto para hacer el toreo que se espera de un artista. Mató de tres pinchazos, dos medias estocadas y dos descabellos. Escuchó pitos. Su segundo derribó en varas. Con templados muletazos por alto a dos manos, ligados con una serie cercana y cadenciosa por la derecha empezaron los olé. Su toreo con tanda de cinco derechazos, el último enroscado a la cintura, remate abajo y el de pecho provocó los aplausos del público. Por la izquierda intentó ligar pero solo permitió el toro darlos de a uno a pies juntos con remate de un largo y despacioso pase de pecho. Cada serie fue a más, todas templadas y con cercanía entre el progresivo delirio del público. Mató de estocada caída y dos descabellos. Oreja que probablemente habrían sido dos de haber tenido más suerte con el estoque.

El Juli en su primero solo pudo bregar porque tuvo escaso recorrido para poder estirarse con el capote. Semigenuflexo lo recibió por abajo con la muleta cerca de tablas y lo llevó hasta el tercio. Series templadas por ambos pitones dándolos de a uno por el izquierdo, de a dos por el derecho para volver al otro pitón, templarlos, ligarlos con poderío y darle profundidad a cada muletazo bajando la mano y toreando despacio con la aquiescencia del público. Mató de pinchazo, estocada caída y descabello. Ovación con saludo. Su segundo que brindó a Emilio de Justo resultó deslucido, solo pudo bregar con capotazos cortos, suaves y templados. Con oficio logró ligar y templar muletazos cortos sin posibilidad de lucimiento pero con demostración del conocimiento y el sitio suficiente para llevarlo y sacar lo que el toro tenía muy escondido. Mató de pinchazo, dos medias estocadas tendidas, un tercio de estocada y descabello. Silencio.

Ginés Marín recibió con seis lentas, templadas y acompasadas verónicas a su primero. Con la muleta inició semigenuflexo llevándolo con transmisión por abajo y vistoso cambio de mano rematando con el de pecho y enroscándoselo a la cintura. Toreó entregado y con lucimiento por ambos pitones. Mató de estocada tendida y dos descabellos. Escuchó un aviso. Ovación. Con su manso y huidizo segundo lo fue metiendo en la muleta pero terminó cerca de chiqueros y allí le dio una serie con la izquierda de cinco muletazos por dentro junto a tablas. Continuó con series por dentro con cambio de mano. Finalizó con arriesgadas, sentidas y ceñidas bernadinas. Mató de estocada larga. Escuchó dos avisos. Ovación con fuerte petición y saludo.