Miércoles, 11 de marzo de 2025. Plaza de toros de Castellón. Aceptable entrada en tarde entoldada. Novillos de Hermanas Angoso Clavijo, correctamente presentados y de buen juego en general. Juan Zamora, de la escuela de Albacete, (tabaco y oro), saludos tras aviso. Iker de Virgilio, de la escuela de Castellón, (morado y oro), dos orejas. Ian Bermejo, de la escuela de Castellón, (grosella y oro), oreja. Jorge Escamilla, de la escuela de Valencia, (grana y oro), vuelta tras aviso. Rodrigo Villalón, de la escuela de Alicante, (celeste y oro), oreja. Lisares, de la escuela de Arles, (verdemar y oro), palmas tras aviso. Entre las cuadrillas lució la brega de Javier Perea al que abrió plaza. Saludaron tras banderillear al quinto Mateo Feris y Vicente Soler. Presidió Eduardo Goterris España.
Prosiguió la feria taurina de la Magdalena tras el aplazamiento del martes debido a la lluvia y se pudo celebrar la novillada sin picadores previa al serial de cuatro corridas del fin de semana.
Previamente, uno tuvo el placer y el privilegio de compartir mesa y mantel en una comida de hermandad con el matador de toros Manolo Carrión, el empresario Emilio Miranda, el aficionado de Requena Nicolás Pérez y el también matador de toros y director de la escuela taurina de Albacete Sergio Martinez junto a Alberto Perea, futbolista que fue de primera división y hermano del torero Javier Perea e hijo del que fuera banderillero Antonio Perea. Ejerció de magnífico anfitrión, Amadeo Pitarch. Amistad, buena cocina y mejor compañía, tertulia y hablar de toros. Y a la plaza.
Los novillos de Hermanas Angoso Clavijo, bien presentados, dieron buen juego. Terciado y cómodo por delante el primero, que tuvo prontitud y fijeza. Se vino arriba e incluso acabó atosigando a su matador. Suelto y distraído, y con el pelo del invierno el segundo, que exhibió buen fondo, aunque escasísimas fuerzas. Salió con muchos pies de chiqueros el tercero, más cuajado. Manso y huido, fue y vino, pero sin clase.
El cuarto, muy playero, tuvo tranco y apretó en banderillas. Y luego se vino a las telas con alegría y transmisión. Fue aplaudido en el arrastre. También playero el quinto. Abanto, corretón y huido, luego rompió en la muleta, embistiendo con alegría, metiendo la cara y repitiendo las embestidas humillando, con el único defecto de soltar un poco la carita, pero con bravura y mucha raza.
Y el que cerró plaza, también playero y con las hechuras de sus hermanos. Tuvo fijeza, se vino a los engaños y acusó el lunar de la falta de fuerzas, pero siempre quiso romper hacia delante y dio un notable juego.
Juan Zamora lanceó con seguridad y asentamiento y muleteó con sentido de la ligazón y el temple en un trabajo de largo metraje y no escaso de mensaje. Muy arrebatado, firmó un emotivo epílogo de faena de rodillas. Falló con las armas toricidas.
Iker de Virgilio lanceó aplaudido a su antagonista. Luego realizó un trabajo afanoso y tesorero y acabó calentando a los tendidos con molinetes de hinojos. Mató de una estocada caída.
Ian Bermejo se fue a la puerta de chiqueros a saludar a porta gayola a su antagonista. Luego lo lanceó por faroles de rodillas. Fue aparatosamente volteado, y luego recibió otro serio revolcón al hacer un quite. Muleteó afanoso, voluntarioso y siempre queriendo, mostrando una plausible actitud. Mató de un pinchazo y una estocada baja.
Jorge Escamilla dio faroles de rodillas con el capote y pareó con espectacularidad y comunicación con el público. En el tercio final fue capaz de dejar la muleta en la cara de su antagonista, presentarle los engaños por delante y torear con un excelente sentido de la ligazón y la templanza. Le dieron una voltereta en el epílogo del trasteo y fue bonito escucharle al levantarse: “no pasa nada“. Luego falló con los aceros y ahí se le fue un merecido trofeo.
Rodrigo Villalón toreó con verticalidad, apostura y sentido de la ligazón. Es torero de elevada estatura quien hizo una labor que llegó a los tendidos. Mató de media lagartijera.
Lisares se fue a la puerta de chiqueros a recibir al cierraplaza. Banderilleó con variedad y lucimiento, colocando tres pares con la enseña de la bandera francesa. Brindó a Medhi Savali un trabajo en el que no terminó de aclararse, en el que no se acopló, se amontonó y predominaron los desarmes.
Fotos: Litugo