Este año el evento fue incluso más multitudinario. 57 cuadrillas participaron mientras decenas de personas, al otro lado de la carretera, pedían la prohibición de la actividad.
Miles de personas, vecinos del municipio, pero también residentes en otras localidades y turistas, se dirigen cada año al emblemático barrio bilbaíno para contemplar la cucaña vertical, una actividad en la que los grupos trepan por un palo embadurnado de grasa mientras una vaquilla atada busca evitarlo.
El Consistorio decidió evitar una prohibición como tal y animó a los animalistas a alcanzar un acuerdo con la comisión de fiestas. “A dialogar y a evitar enfoques que puedan generar confrontación entre la ciudadanía”, pidió la alcaldesa, Amaia Aguirre.





