Román fue asistido de una “fractura del quinto arco costal derecho, fisura en el cuarto costal derecho y en el quinto costal izquierdo, y herida incisa a nivel maxilar en la mandíbula izquierda”. Fue trasladado al hospital para estudio radiológico recomendando además un TAC Torácico abdominal.
Enrique Amat, Requena
Los matadores de toros Román, Álvaro Lorenzo y Samuel Navalón compusieron el cartel de la corrida que, con motivo de la feria de la vendimia, tuvo lugar en la plaza de toros de Requena.
Román firmó un emotivo prólogo de faena genuflexión ante el primero, al que luego muleteó muy asentado, firme y dejándole siempre la muleta puesta. Fue aparatosamente cogido al entrar a matar, y el toro se ensañó con él de forma angustiosa. Aún así, salió a rematar al toro con una más que plausible actitud. Y luego ya tuvo que ingresar en la enfermería con una fuerte lesión costal. Pero ahí quedó su vergüenza torera y su pundonor.
Álvaro Lorenzo se mostró como un torero, enterado y con oficio. Puesto, suelto y solvente, trasteó con limpieza, sentido de la colocación y ortodoxia, en un trabajo de notable nivel. Mató de una estocada algo trasera y desprendida.
Ante el cuarto también pisó los terrenos con firmeza y supo embarcar los viajes a su antagonista, dejando la muleta puesta en una faena limpia y bien concebida. Su toreo con la mano derecha tuvo por momentos cadencia, templanza, regusto y excelente expresión.
Y con el sexto volvíó a mostrar seguridad, colocación, sentido del temple y de las distancias en un trabajo en el que supo exprimir las condiciones de su oponente. Siempre seguro y firme y presentando los engaños por delante, brilló por su toreo al natural, cadencioso, empacado y con una gran templanza. Lució al toro con generosidad. Precioso y preciosista fue el epilogo de su faena. Tras un impasse en el que la gente pidió el indulto de toro, acabó de matarlo de un espadazo bajo.
Samuel Navalón saludó con una larga de rodillas en el tercio a su primero. Luego, firmó una labor asentada, firme, presidida por el sentido de la colocación y llevando muy embebido en los vuelos de la muleta a su antagonista. Mató de media desprendida y tres descabellos.
Y ante un toro parado, rajado y a la defensiva, como fue el quinto, pisó los terrenos con aplomo, seguridad y firmeza, rubricando una labor en la que estuvo muy por encima de las condiciones del astado. Quietud, valor de fondo, templanza y mucha autoridad. Faena de fondo y de forma, reveladora de un torero en franca progresión. Falló con las armas toricidas.
Foto: Litugo









