Valencia, 9 de octubre. Un cuarto de entrada.
Novillos de Fernando Peña, muy bien presentados, serios y con hechuras de toro, pero de poco juego en conjunto. Segundo y tercero fueron los mejores.
Borja Álvarez (de sangre de toro y oro), silencio con aviso y vuelta al ruedo.
Aitor Darío “El Gallo” (de pavo y oro), silencio tras aviso en su lote.
Sedano Vázquez (de hoja y oro), silencio con aviso en los dos.
De las cuadrillas destacaron José Manuel Montolíu, Ismael Pastor y Alfonso Carrasco.
Se cerró la temporada en la plaza de Valencia con una novillada que, en el Día de la Comunidad Valenciana, no aportó nuevas glorias a nadie.
Se lidió un encierro de Fernando Peña, muy bien presentado, serio, con cuajo y hechuras de toro, con una media de 520 kilos de peso, pero que, en conjunto, no dio para mucho, siendo de mejor son los novillos lidiados en segundo y tercer lugar. Pero los fallos con el estoque impidieron a sus matadores la posibilidad de trofeo.
Aitor Darío “El Gallo”, por ejemplo, estropeó una faena acompasada y entonada a su primero, aplaudido de salida por su presencia, por tardar mucho en enviarlo al desolladero tras un quehacer que fue cogiendo forma conforme avanzaba, y algo parecido ocurrió con Sedano Vázquez, que dejó un primer trasteo templado, serio y a más que no acertó a rematar con la espada.
También pudo tocar pelo el alicantino Borja Álvarez, que derrochó valor, tesón y ganas con el cuarto, un marmolillo del que no se podía sacar nada pero con el que lo dio todo y también estuvo muy firme con el rebrincado y a la contra novillo que abrió plaza y al que aguantó con firmeza los arreones con que se defendió.
El resto de la función no tuvo historia y tanto El Gallo como Sedano se vieron impotentes ante sendos novillos que acusaron el castigo en varas y llegaron paradísimos a la muleta. El quinto, andarín y sin entrega, no dejó que le se diese prácticamente ni un muletazo, mientras que el sexto, muy parecido al mítico “Ratón” por su lámina y estructura, también tuvo comportamiento de toro de calle, siendo su lidia de imposible lucimiento.









