Enrique Amat, Villaseca de la Sagra
Prosiguió la feria de novilladas del Alfarero de Oro, de la localidad toledana de Villaseca de la Sagra, con novillos de Alcurrucén para el valenciano Juan Alberto Torrijos, López Peregrino y Rafael de la Cueva.
Buen ambiente en esta coqueta plaza, cómoda, cuidada y con todas las dependencias en perfecto estado de revista. Una excelente banda de música amenizó el festejo
Los novillos de Alcurrucén con cuajo exagerado, una corrida de toros más que novillada, y de juego muy complicados. Abrió plaza Tonadillo, negro bragado y meano. Serio, con cuajo, bien armado, un tío. No se acabó de emplear en varas y esperó en banderillas. Escarbó más de la cuenta, Y tomó los engaños siempre protestando, soltando la cara y con aspereza. El segundo, Carasucio, berrendo en negro, careto, sobrado de cuajo y plaza y muy bien armado. Renegó en el caballo queriéndose ir. Algo rajado y siempre con la cara entre las manos, le costó mucho romper para adelante.
El tercero, Pitero, castaño, bragado, bociblanco y meano, más en Nuñez y delantero de cuerna. Empujó renegando y por un solo pitón. Cortó en banderillas y, muy ayudado por su matador, se desplazó. El cuarto, Esmerado de nombre, castaño, lombardo, bociblanco, bien armado y con mucha presencia. Protestó en varas, empujó con un solo pitón y se salió suelto. Y aún así, el respetable le aplaudió. Luego fue y vino a la muleta, escaso de entrega, pero manejable.
Javito fue el quinto. Berrendo en castaño y lucero, de exagerado trapío. No se empleó en el caballo y esperó en banderillas. En el tercio final, aunque fue y vino, se lo pensó, con la cara por las nubes y sin entrega. Y Patatero era el sexto, un ejemplar girón, meano y calcetero y también muy serio. Empujó con mal estilo en el caballo, repuchándose y saliéndose suelto. Violento y repartiendo tornillazos, fue áspero y violento.
López Peregrino, torero de Jerez, no se dejó dar mucha coba por el que abrió plaza. Anduvo por ahí, sin mucho convencimiento y lo mató con prontitud. Y toreó con pinturería y a pies juntos, pero escaso de mando y profundidad al serio cuarto, al mató de una estocada caída siendo volteado.
Juan Alberto Torrijos plantó cara con oficio, buenas formas y disposición a su primero. Firmó una labor de torero sobrado y suficiente, ya preparado para mayores empresas. Estuvo muy por encima del novillo, al que mató de una estocada y varios golpes de descabello. Cumplió con creces.
Brindó la muerte del quinto a Vicente Ruiz el Soro. Firmó una faena sobrada, suficiente, de torero muy puesto y con oficio. Plantó cara a las dificultades de su oponente con actitud , valor de fondo y profesionalidad. Mató de un pinchazo y media lagartijera que bastó.
Rafael de la Cueva, espada de Venezuela formado en la escuela de Madrid, toreó con convencimiento, asentamiento y gran firmeza a su primero, en un trabajo de mérito.
Y muleteó con valor, autoridad, exposición y entrega al sexto. Aguante, sincera entrega y generosa actitud fueron los ingredientes fe si labor. Fue cogido al entrar a matar, resintiéndose de su lesión en la clavícula.