Ya sé que ha perdido actualidad el tema que voy a tratar, pero la razón del retraso obedece a que el ordenador ha estado en el taller de reparaciones durante algunos días.
Francisco Picó
Me refiero claro está, a la salida en hombros de Antonio Ferrera, en la corrida que mató en solitario en la feria de Otoño en Madrid. En solitario sí, nada de encerrona. Y si hay alguna duda les remito al diccionario de la Real Academia de la Lengua,
Tras una actuación de tono más que sobresaliente, no se vislumbraba la salida en hombros de la monumental madrileña. Tuvo que ser el colofón de los toros quinto y sexto los que propiciaran una salida apoteósica como pocas veces nos es dado comtemplar.
No descubro nada cuando digo que, en ocasiones, hay salidas a hombros a cargo del costalero de turno que más tarde será retribruido por su trabajo.
Normalmente a la vera del costalero figuran los miembros de su cuadrilla de a pie. Otras veces se ven también algunos aficionados celebrando la salida en hombros del torero de sus preferencias.
Pero una salida en hombros en la que acompañaban al torero, no digo un centenar, sino sin exagerar, casi el doble de personas, que corriendo como locos pugnaban por echarse a los hombros al torero, me recordó, a lo que hace medio siglo o más, era lo frecuente.
Viene a mi mente las salidas a hombros en la plaza de Valencia de Manolete en los años 40. De Manolete y de otros toreros, en los que se reflejaba la felicidad de los que seguian al torero triunfador.
No quiero olvidarme de una fotografía sensacional, en la que en una salida en hombros en Valencia de Jaime Marco “El Choni”, se ve portando en volandas al torero a mi siempre recordado Manuel Serrano Romá, colaborador que luego fue de Aplausos, director en funciones del Museo Taurino de Valencia y destacado historiador de la fiesta de los toros. Hombre irrepetible por su acendrada afición, persona cabal, con quien compartí momentos felices por nuestra común afición. Te recuerdo mucho Manolo,









