Nacho Torrejón abrió la primera puerta grande de la feria de Albacete.
Albacete, 9 de septiembre
Segunda de feria.
Más de media entrada.
Novillos de Montealto, bien presentados y desiguales de juego.
Emliano Osornio (de grana y azabache), ovación y silencio con aviso.
Nacho Torrejón (de corinto y oro), oreja y oreja.
Álvaro Serrano (de botella y oro), vuelta al ruedo tras aviso y silencio con otro aviso.
Saludaron Basilio Mansilla y José Manuel Cobo tras parear al quinto.
Paco Delgado
Fotos: Alberto Núñez Aroca
Sigue siendo la de Albacete una feria con mentalidad de futuro y dedica varias de sus fechas y abre algunos de sus carteles a diestros que prometen y precisan de promoción y oportunidades. Y la gente lo agradece y valora. La prueba está en que la plaza registró para la primera novillada puede que mejor entrada que la habida en la corrida que abrió el serial el día de la patrona. Cosas así hacen que sea más accesible el largo y curvo camino que hay que recorrer para ser torero. Y si el ganado lidiado hubiese dado más facilidades todavía la ruta habría sido más llevadera.
Desarmó el primero a Emiliano Osornio en su porfía por lucir toreando de capa. Abanto y a su aire, el de Montealto manseó descaradamente en varas y dio trabajo para que se le banderillease. En el último tercio se le coló a Osornio nada más le puso la muleta delante, topando luego más que embistiendo, siempre a la contra y loco por rajarse. El mejicano demostró que quiere ser torero y tiró de valor y disposición para plantarle cara y, en los terrenos que quiso el novillo, sacar todo lo que tuvo.
Romaneó el cuarto, con el que Osornio volvió a dejar patente su buen concepto y corte, pese a lo incómodo y poco claro que resultó su oponente.
Brindó Torrejón la muerte de su primero al público, pese a que el animal no dejó buenas sensaciones en los dos primeros tercios. No le falló la intuición al toledano, que se echó la muleta a la zurda de inicio para dejar ya una notable tanda de naturales de mano baja y mucho mando. Poco a poco el novillo aceptó la superioridad del novillero que ganó también en confianza y seguridad para firmar un trasteo muy templado y de buen trazo que le valió la primera oreja de la feria.
Fue un toro, por hechuras y trapío, el quinto. Aun rebrincado y sin humillar tomó el engaño con prontitud, dejando que Torrejón armase una faena tan dispuesta y valiente como irregular y sin acabar de someter. Su contundencia estoqueadora le valió la puerta grande.
El tercero se fue sólo al peto, peleando con ganas y mucho rato. Álvaro Serrano se lució al quitar y tiró de desparpajo franela en mano buscando la conexión fácil con el respetable. Con sitio y oficio de sobra anduvo por encima de su bonancible oponente aunque sin meterse en mayores honduras hasta el tramo final de su quehacer.
Se picó mucho y mal al sexto, que llegó a la defensiva al último tercio. Firme y convencido, el madrileño trató de dar fiesta en otra labor sin especial contenido y poca limpieza.








