Alejandro Contreras corta la primera oreja de La Naranja de Plata.
Paco Delgado
Foto: Mateo
Algemesí, 23 de septiembre. Primer festejo de la Naranja de Plata. Lleno.
Cuatro erales de Los Chospes, bien presentados, nobles y de poca fuerza.
Alejandro Contreras (de pastel y oro), oreja.
Alejandro Peñaranda (de malva y oro), palmas con aviso.
Joan Marín (de grana y oro), silencio tras aviso.
Nino Julien (de blanco y plata), silencio.
De las cuadrillas destacaron Sergio Pérez y Javier Perea.
Desde hace unos años, la Feria de las Novilladas se divide en dos tramos, en dos categorías, dando así oportunidad de tomar parte en la misma, y lucir ante un público que sigue llenando esta peculiar plaza a diario, haga frío o calor, llueva o caiga un sol de plomo.
La Naranja de Plata es el trofeo que se pone en disputa para alumnos de distintas escuelas taurinas que, a lo largo de los dos primeros días de la semana, dejan en claro de lo que son capaces.
Ayer se celebró el primero de los festejos que este año se incluyen en este capítulo. Hicieron el paseíllo cuatro chavales que quieren ser toreros y a los que se enfrentó a un encierro de Los Chospes, muy a su medida, nobles y justos de fuerza.
Alejandro Contreras, alumno de la Escuela de Tauromaquia de Valencia, fue quien abrió plaza y quien acabó siendo el triunfador de la tarde y primer candidato al trofeo en juego. Anduvo muy dispuesto y decidido y a pesar del desconcierto inicial en la lidia del becerro, logró asentarse y serenar los ánimos, fijando definitivamente al eral a la muleta. Sacó sus buenas maneras y gran planta, toreando por momentos con temple y despacio. Mató con prontitud y eficacia y se llevó la única oreja de la función.
También está matriculado en el centro que dirige en Valencia Toni Gázquez el castellonense Joan Marín, que se las vio ante un novillete justo de energía al que fue dando tiempo y mucha confianza hasta lograr afianzarlo y demostrar que tiene asimilados los conceptos que le enseñan en la escuela, dejando varias tandas ligadas en una faena paciente que siempre fue a más.
El albacetense Alejandro Peñaranda no defraudó las expectativas que se habían puesto en él. Se mostró muy puesto y toreado, muy hecho. Lanceó con gusto al recibir a su oponente, revoltoso y pegajoso, al que terminó apurando y de haber matado con prontitud también hubiese tocado pelo.
Cerró la tarde el francés Nino Julien, de Nimes, que fue el que más verde se mostró, bullidor y voluntarioso, salió del envite como pudo.