Dos orejas para Ginés Marín

Morante volvió a tocar pelo y a gustar.

Sevilla, 29 de abril.

Decimotercer festejo de abono.

Lleno.

Toros de El Torero y uno de Passanha para rejones.

Antonio Ribeiro Telles, ovación.

Morante de la Puebla, oreja y ovación.

Cayetano, silencio en su lote.

Ginés Marín, dos orejas y ovación.

 


Pepe Ruciero

Fotos: Toromedia

 

Abría el cartel, el cavaleiro, Antonio Ribero Téllez que a pesar de tener sesenta años, aún no había tenido la oportunidad de debutar en la plaza de Sevilla. Un sueño hecho realidad, donde se mostró sobrio, con veteranía y buena monta. Demostró el clasicismo del rejoneo lusitano, siempre de frente. Lucida su actuación con Alcochete en banderillas. Fue ovacionado tras matar al segundo intento.

Salió Lancero de lidia a pie. Aplomado y con síntomas de no querer pelea. Se espabiló con la puya y también Morante, que dejó un quite al más puro estilo de la tauromaquia añeja. Los ayudados por bajo muy toreros, fueron el inicio de su faena con la muleta. Series con mucha torería sobre ambos pitones, más un molinete añadido, mirando al Altozano, mantuvieron en pie con la sapiencia añadida, al noble y flojito toro de El Torero que fue pasaportado por una casi entera. Paseó una oreja.

Buen recibo capotero a su segundo marca de la casa. Trasteo de probaturas con una lidia de fijación, intentando meter en la muleta a este burel de cara alta. Atacó sin quitarle la muleta, con la idea de sujetar al toro que buscaba irse a las tablas. Puso voluntad Morante en dejar alto su estatus, ganándole la pelea a base de valor y entrega, pero no hubo ocasión de éxito, a pesar del reconocimiento pleno de toda la plaza.

Lanceó a su primero Cayetano con solvencia, que se empleó en varas en el primer puyazo. Junto a las tablas y sobre la diestra, sus inicios por alto, consumaron el saludo de su obra. Continuó sobre la diestra, ante este buen toro. Probó suerte sobre la zurda pero la transmisión y empuje del animal fue aminorada. Faena de más a menos con muletazos limpios pero faltos de acople. Su segundo fue difícil de salida y sin entrega; ofreció ínfimas condiciones para el lucimiento dando guerra en banderillas. En el mismo son que en su anterior a Cayetano, sin la mínima exposición, le faltó ceñirse y cruzarse. Nos dejó con la miel en los labios de ver al Cayetano de sus mejores tiempos.

Ginés Marín dejó al toro colocado con una verónica y una media con mucha cadencia. Los inicios de faena fueron de gran dimensión; sobre la diestra citó de largo y continuó con ligazón y temple. Pronto de embestida y al toque el de Lola Domecq le dio motivos para la ralentización en unos magníficos naturales. La serie crujió y concluyó de nuevo sobre la izquierda rematándolo por alto y con un molinete. Faena de gran intensidad y buen concepto, que le valió las dos orejas. Con su segundo, colorao ojo perdiz, se vio a un Ginés que lo cuidó en varas, administrando sus fuerzas. Acusó su falta de recorrido protestando con la cara arriba. Faena extensa de Ginés con máxima voluntad y exprimiendo a su toro, sin posibilidades y ni un ápice para brillar.