Los novillos de Los Maños, sobrados de presencia, fueron bravos en el caballo, y luego dieron un juego más que notable, siempre presidido por su punto de casta. Y también con mucho que torear.
Con cuajo el primero, bien armado y que derribó dos veces al caballo que montaba el Puchano. Apretó el banderillas y en la muleta tomó las telas con transmisión, encastado, con fíjeza y siempre rompiendo hacia delante. Con todo, tuvo su punto de exigencia, y no se le podía perder la cara en ningún momento. Cogió a su matador al entrar a matar, y luego le hizo hilo tras el segundo pinchazo. Con diferentes hechuras el segundo, que asomaba las puntas. Se dejó pegar en varas y metió los riñones. Fue y vino, aunque no acabó de entregarse, humilló poco y soltó la cara, aunque siempre estuvo pendiente de los engaños.
El vareado tercero metió los riñones en el peto. Luego tomó las telas sin perder nunca de vista las telas, aunque le faltó también su punto de entrega y le sobró cierta aspereza. Cuajado y abierto de cuerna el cuarto, que salió de chiqueros con muchos pies. Cumplió en el caballo, y luego tuvo alegría y prontitud en la muleta. Un tío, cuajadisimo, con mucha plaza y serio el quinto. Empujó con muchísimo celo en varas y luego siempre quiso vestir con celo, bravura, largos, viajes y quedándose colocado para el siguiente muletazo. Y asimismo, serío y con estampa el burraco sexto, al que también le dieron cera en el caballo. Hizo hilo en banderillas. Tuvo menos entrega y se rajó pronto.
Borja Escudero lanceó con eficacia a su primero, rematando el saludo con una excelente media. Firmó una faena de muleta distinguida, expresiva, aprovechando las embestidas de su oponente y componiendo la figura. Fue aparatosamente cogido al entrar a matar. Luego fue perseguido, y el toro le hizo hilo varias veces. Acabó pasando un quinario con las armas toricidas.
También manejó el capote ante el cuarto con son y duende, y luego firmó muletazos de excelente corte, siempre expresivo, sentido y acompañando las embestidas, aunque el trasteo fue perdiendo algo de intensidad y vuelo. Mató de una estocada perdiendo los engaños pero de efectos letales.
Kevin Alcolado manejó el capote en su primero ganándole terreno y rematando de una media en el platillo. Brindó la muerte del novillo a El Renco, y toreó tratando de componer la figura, en un trabajo de firma expresiva, aunque perfílero, citando al hilo y por los terrenos de afuera. Una labor de más forma que fondo. Mató de una estocada caída y tendida de efectos fulminantes.
Tenía mérito estar en la cara del serio quinto, y Alcolado no lo dudó y le plantó cara con ánimo y disposición. Trabajo de largo metraje no exento de mensaje, y al igual que sus compañeros, haciendo gala de esa tauromaquia periférica que nos invade. Pero el trasteo tuvo vibración y comunicó mucho con los tendidos Mató una estocada muy delantera y tendida que el toro escupió antes de doblar.
Alberto Donaire lanceó de salida, ganando terreno, acompasado, con templanza y remató con un torerísimo recorte. Luego hizo gala de recursos, imaginación, variedad y capacidad para improvisar. Suelto y puesto, rubricó un torero epílogo de su labor, con pases cambiados por bajo. Mató de una media tendida, de la que salió cogido, otro pinchazo y media buena.
Brindó la muerte del sexto a sus compañeros de terna, al que hizo una apertura génuflexa de faena. Lo intentó con una loable actitud pero escasas opciones Antes de entrar a matar, se fue la luz de la plaza y lo tuvo que estoquear en penumbra. Y pasó fatigas con las armas toricidas en medio de la oscuridad.