Emilio de Justo y Juan Ortega pasearon sendas orejas de un buen encierro de Daniel Ruiz.
Alicante, 24 de junio
Quinta de abono. Media entrada.
Toros de Daniel Ruiz, justos de presentación y de buen juego.
Cayetano (de rosa y oro), silencio y ovación.
Emilio de Justo (de canela y oro), oreja y ovación con aviso.
Juan Ortega (de burdeos y azabache), oreja y ovación.
De las cuadrillas destacó Morenito de Arles.
Paco Delgado
Fotos: Verónica Soriano
Alrededor de media entrada hubo para presenciar la quinta entrega del abono de Hogueras, una feria que hoy celebraba su día grande y que tendría que haber servido para festejar a lo grande el vigésimo aniversario de alternativa de Manznanres hijo. Pero sus dolencias cervicales le impidieron estar en Alicante y en su lugar hubo tres espadas que no llamaron, a priori y a tenor de la entrada habida, la atención de los aficionados locales. Se enfrentaron a un encierro de Daniel Ruiz, terciadito y de no excesiva romana pero con su puntito de casta y de buen juego en conjunto.
Dejó Cayetano que le zurrasen de lo lindo en varas a su primero, que aún así apretó en banderillas y llegó encastado y con poder al último tercio, cumpliendo su matador un trasteo superficial y sin acabar de meterse con un oponente muy entero hasta la muerte.
También se pìcó fatal al cuarto, claudicante ya en la muleta y con las fuerzas justas para mantenerse en pie, sin opción alguna para el lucimiento, aunque el de coleta se puso importante y trascendente.
Le faltó remate al segundo, noble y obediente en la muleta, dejando a Emilio de Justo, que debutó en esta plaza, lucirse al torear en redondo. Al natural le costó más y el torero extremeño volvió a la diestra para apurar a un animal que se iba apagando poco a poco y al que despachó de una gran estocada.
Tiró siempre del mucho más remiso quinto, volviendo a lucir con la derecha en una faena afanosa y trabajada, perdiendo la puerta grande al matar mal.
Quedó inédito el toreo de capa de Juan Ortega a su primero, que acusó el fuerte castigo en el peto. Con todo y pese a su merma de facultades tuvo voluntad embestidora sin que su matador lograse acoplarse con él, dejando un trasteo muy irregular, con muchos enganchones y algunos muletazos aislados de buen trazo pero inconexos. Lo mejor de su turno fue el estoconazo con que puso el punto final y que le valió una oreja.
Buscó lucirse a la verónica con el sexto pero tampoco llegó a cuajar el intento, haciéndose aplaudir con las chicuelinas con las que quitó. La mala suerte fue que el animal se lesionó la mano izquierda y le fue impsible seguir el engaño, haciendo inútil todo lo que con él se intentase.












