No ha sido Ángel Peralta el único rejoneador que brilló como poeta. Años antes, el aristócrata sevillano Fernando Villalón, coetáneo de los componentes de la Generación del 27, también desarrolló una importante carrera como poeta.

Fernando Villalón-Daóiz y Halcón nació en Sevilla el 31 de mayo de 1881. Estudió la carrera de Derecho, si bien se consagró por completo a las labores del campo y trató de ser un relevante ganadero de reses bravas, aspiración que no llegó a conseguir. Aficionado al espiritismo, a la teosofía y a la poesía popular (compañero de colegio de Juan Ramón Jiménez.
Y eso que las primeras figuras del toreo de la época, como Joselito y Belmonte, le tenían gran aprecio y no faltaban a sus tentaderos. Sin embargo, no querían torear sus toros en la plaza. Empeñado, no obstante, en conservar ese encaste, esta obstinación le llevó a su ruina económica.
Tradicionalmente se decía que Villalón perseguía criar toros con ojos verdes. Lo que en realidad quería era sacar toros con la característica de la antigua ganadería Saavedreña, que presentaba un aro verdoso en el arranque de los cuernos.
Su fracaso como ganadero coincidió con la eclosión de una vocación literaria. Cuando explicó esto a su amigo Rafael “El Gallo” éste le aconsejó: “Usté lo que tié que hacé e sacá toros que no meneen la cabeza en el capote; y los cuernos déjelos usté en paz”.
Poeta tardío, ya que publicó su primer libro a los cuarenta y cinco años, conectó con los poetas del 27 a través de su amigo Ignacio Sánchez Mejías, quien fue el gran valedor literario de Villalón. Le admiraba como figura campera y por su carácter señorial y antiseñoril y fue un entusiasta de sus versos. Cuando se lo presentó a Alberti le dijo: “Aquí lo tienes… Don Fernando Villalón-Daóiz el mejor poeta novel de toda Andalucía”.
En los cuatro últimos años de su vida, Villalón publicó tres libros de poesía: Andalucía la Baja (1926), La Toriada (1928) y Romances del 800. Anteriormente había escrito en prosa Taurofilia racial. En Andalucía La baja (1927) se halla un soneto dedicado al crítico taurino Gregorio Gorrochano, titulado El padre del que debutó el domingo.
Francisco el de la Huerta tiene un hijo torero
que ha matado dos toros en Alcalá del Río,
una vaca en Coripe, un buey en Río-Frío
y Don José Miura lo llevó a un tentadero.
Las papas y el tomate, las lechugas y el rábano,
se agotan de sequía en la huerta del padre.
Ya no vende alcauciles ni mira ni a su madre
y pasea por la calle hecho un completo zángano.
Se ha comprado corbatas, anillos y un bastón.
Parece asi vestido un perfecto ladrón
que viniera a Sevilla a trabajar carteras.
Pero todo ese equipo, más toda la hortaliza
perdida por Francisco en la taurina liza
lo ha de ganar su hijo lidiando con las fieras.
Y en el número 34 de la revista Peña Labra salió a la luz La muerte del torero, una composición sobre la cogida mortal de Joselito en Talavera y dedicado a José María de Cossío. Murió en Madrid, el 8 de marzo de 1930. En La arboleda perdida, Alberti apuntaba el dato macabramente lírico del último deseo de Villalón: “que lo enterraran con un reloj de leontina en el chaleco para que, al menos durante doce horas, siguiera sonando un latido bajo tierra».
De su obra La Toriada son los siguientes versos
La corrida del domingo
no se encierra sin mi jaca.
Mi jaca la marismeña
que por piernas tiene alas
también dedicó otros muy célebres a Pepe Hillo:
Joseph Hillo, Joseph Hillo
el de la peineta grana,
que a marquesas enamoras
y en los cosos toros matas….
No vayas hoy a la plaza
ni a la calesa te subas
ni te relíes en la capa.
Y otros a la muerte del Espartero
Giralda, madre de artistas,
molde de fundir toreros,
dile al giraldillo tuyo
que se vista un traje negro.
Malhaya sea Perdigón,
el torillo traicionero.
Mocitas las de la Alfalfa
mocitos los pintureros;
negros pañuelos de talle
y una cinta en el sombrero.
Dos viudas con claveles
negros, en el negro pelo.
Negra faja y corbatín
negro, con un lazo negro,
sobre el oro de la manga,
la chupa de los toreros.
Ocho caballos llevaba
el coche del Espartero.









