Hace escasas dos semanas hacía referencia en el programa radiofónico “Patio de Cuadrillas” dirigido por el periodista taurino Carlos Bueno sobre la preocupante situación de la pérdida de peso con que algunos animales llegan a ser exhibidos por las calles de nuestra comunidad provenientes desde su finca madre.
La ganadería Hubert Yonnet es la mas antigua ganadería de toros bravos en Francia en actividad. Tras gran momentos en la vida de la ganadería como la lidia del novillo Montenegro en 1981 en Saint-Sever, la presentación del hierro en Barcelona en 1987, Madrid en 1991 y Sevilla en 1992.
Tal día como hoy, en 1944, se produjo la grave cogida sufrida por el novillero Manolo Cortés en la plaza de toros de Algemesí. Se lidiaron cuatro reses de Frías Hermanos y tuvo como compañero de cartel a Fidel Rosalém "Rosalito". Fue empitonado por "Bellaflor" por la parte superior de la pierna izquierda, produciéndose la rotura de los vasos femorales.
A punto de afrontar la recta final de la temporada taurina española del 2018, echo un repaso a mis reflexiones y observo que fueron bien pocas las cosas buenas o destacadas las que me hicieron reflexionar.
No sé bien a que achacar las circunstancias, si a la estupidez humana o más concretamente al egocentrismo e ignorancia taurina. Pero mientras yo dudo y escribo esta reflexión, el sector taurino continua de forma insistente y repetitiva echando piedras sobre su propio tejado.
Cubramos con las sábanas de la indiferencia los engañosos números de festejos, ocultemos la realidad de la prohibición bajo el oscuro manto de unos socios de gobierno, revistamos con bellos papelillos de filigrana la profesionalización de nuestra identidad cultural taurina, disfracemos las malas noticias de buenas con la húmeda tinta de asalariados periodistas.






