La terna salió a hombros pese a la poca fuerza del ganado.
Alicante, 22 de junio, segunda de feria. Lleno.
Toros de Juan Pedro Domecq, desiguales de presencia y justos de fuerza, destacando cuarto y quinto.
Sebastián Castella (de lila y oro), ovación y dos orejas.
Manzanares (de corinto y oro), ovación y dos orejas.
Roca Rey (de perla y plata), oreja y oreja con aviso y también con fuerte petición de la segunda y gran bronca al palco.
De las cuadrillas destacaron Viruta y Luis Blázquez.
Alicante. Paco Delgado
Respondió a la expectación creada en torno suyo la segunda corrida del abono fogueril y la gente -mucha de la cual aguardó a última hora para ocupar su asiento, con la correspondiente molestia para los puntuales y el retraso consecuente del inicio del festejo- llenó el coso alicantino, aplaudiendo luego todo lo que sucedió en el ruedo en un festejo que explotó en su segunda parte.
A pesar de que el ganado de Juan Pedro Domecq apenas tuvo fuerza, no defraudó la función, que a partir del tercer toro se fue arriba y acabó con los tres diestros a hombros por la puerta grande.
Un explosivo Roca Rey enloqueció a la parroquia ya en el inicio de su primera faena, inteligente y pausada, llevando al toro a media altura y sin forzarle, exhibiendo una extraordinaria muñeca y haciendo él todo el gasto. Fue un cañón con la espada y se le pidió con mucha fuerza una segunda oreja para su labor.
Veroniqueó de rodillas al sexto, en una clara declaración de intenciones que confirmó con las tafalleras y saltilleras con que quitó a ras de barriga. Luego el animal, otro muy justo de energía, se puso a la contra y le obligó a tirar de exposición para poder ir conjuntando un trasteo tan emotivo como de cabeza fría y clara que rubricó con un espadazo inapelable que le valió la puerta grande y por el que le pidieron otra oreja.
Y aunque hubo tímidos pitiditos cuando el primer toro de Manzanares dobló de salida y, sin picar, blandeó en banderillas, en cuanto el torero alicantino intentó alargar las cansinas y claudicantes arrancadas de su oponente hasta se pidió música. Pese a las ganas del matador, no fue posible sacar nada en claro, y aún así fue ovacionado.
Aplaudieron, por sistema, lo hecho por Castella en su primer turno, ante un jabonero sin apenas fuerza, dócil y manejable al que ahogó casi desde el minuto uno en un larguísimo trasteo de muy ligero argumento.
Tuvo más fuelle el cuarto, permitiendo al francés un quehacer de mucho mayor calado, ligando los muletazos en un palmo de terreno y toreando la natural con profundidad y temple, sin atosigar al de Juan Pedro sino hasta el tramo final de un quehacer largo y trabajado que remató con una gran estocada.
Y un no menos fenomenal estoconazo refrendó el triunfo de un Manzanares que salió a por todas con el quinto, al que recibió con dos largas de rodillas y al que, tras una pase cambiado por la espalda, sacó un trasteo siempre a más que tuvo mucha plástica y más expresión, muy vistoso, pero al que puede que le faltase más intensidad al torear al natural.









