Sábado, 4 de octubre de 2025. Plaza de toros de Villena. Excelente entrada en tarde espléndida. Novillos de Daniel Ramos, bien presentados y de muy buen juego en general. A cuarto se le premió con la vuelta al ruedo. Simón Andreu (blanco y oro), oreja y dos orejas. Mario Vilau (celeste y oro), dos orejas y dos orejas. Juan Alberto Torrijos )malva y oro), dos orejas y oreja. Entre las cuadrillas destacó la lídia de David Esteve y con los palos Sergio Pérez.
Enrique Amat, Villena
La segunda edición del Circuito Valenciano de Novilladas llegó a su fin este 4 de octubre. La plaza de toros de Villena acogió la final con presencia de Simón Andreu, Mario Vilau y Juan Alberto Torrijos. El precioso coso de Villena, cubierto y una maravillosa joya arquitectónica, registró una excelente entrada. Un gran ambiente en los tendidos a pesar de las cámaras de televisión que ofrecieron el festejo en directo.
Y tres toreros dispuestos, con ganas de ser. Actitud, entrega a la causa. Como debe ser. Todo un soplo de aire fresco. Tu te arrimas y estás bien, pues yo más, parecían decirse.Y así fue toda la tarde. Los tres merecían ganar la final. Solo podía ganar uno, que fue Mario Vilau, pero los tres se ganaron un puesto en las próximas Fallas. Y en más sitios.
De los novillos de Daniel Ramos, bien presentado el primero, que tomó un puyazo del que hacía la puerta, del que se salió suelto. Le costó un tanto. Se desplazó con celo, aunque tendió a quedarse corto. Sirvió y fue aplaudido el arrastre.
Al segundo, apenas lo castigaron en el caballo. Bueno, repetidor y siempre con fijeza y obedeciendo a los toques. Un tío fue el castaño y lombardo tercero, serio y bien armado. Entró dos veces al caballo, aunque no le terminaron de sangrar. Encampanado y enterándose en la muleta, embistió con la cara a media altura y sin entrega, siempre pensándoselo.
Serio, con cuajo, bien armado y bien presentado el cuarto, que salió perdiendo las manos de su encuentro con las plazas montadas. Luego tuvo la virtud de la alegría, la prontitud y el venirse siempre a los cites. Sabihondo de nombre, marcado con el número 1, se le premió con la vuelta al ruedo. También con presencia y cuajo el quinto. No apretó en varas y se salió suelto. Algo resentido de los cuartos traseros, a pesar de ello se vino con prontitud y alegría a los engaños, aunque le costó. Muy ayudado por su matador, rompió. Y otro tío era el sexto, con cuajo, hondura, plaza y seriedad por delante. Sin embargo, a la fachada no le acompañó el fondo. Resentido de los cuartos traseros, quiso más que pudo. Aunque acabó por romper.
Simón Andreu se fue a la puerta de chiqueros a saludar a su primero. Luego le dió dos faroles de rodillas y lo lanceó con espectacularidad. Banderilleó con acierto, abrochando el tercio con un par de las cortas al cambio. Firmó un enjundioso prólogo de faena genuflexo. Asentado, convencido y firme, le muleteó por los dos pitones con entrega, sentido de ligazón y disposición. Mató de un pinchazo y una estocada.
Cumplió un excelente tercio de banderillas en su segundo, rematado con un par de las cortas al quiebro. Entregado, sobrado de actitud y con una excelente disposición, abrió su faena de rodillas en el platillo de la plaza. El novillo se le vino, y él le aguantó y le dió una serie larga, rematada con dos excelentes pases de pecho. Seriedad, firmeza, Atalonamiento de plantas, sentido de la ligazón y la ortodoxia fueron los ingredientes de una compacta labor. Mató de una estocada rinconera de efectos contundentes.
Mario Vilau fue aparatosamente volteado tras recibir a su primero a porta gayola. Brindó a sus compañeros de cartel. Firmó un emotivo prólogo de faena, de rodillas en la boca de riego. Su faena, presidida por el asentamiento, la cercanía de terrenos y el arrimón, comunicó mucho con los tendidos. La abrochó de nuevo de hinojos. Mató de una estocada y un descabello.
Y muy espoleado, se fue a la puerta de chiqueros a saludar al quinto. Le dió dos largas, y lanceó con vibración. Luego comenzó su trasteo de rodillas en el los medios con pases cambiados. Se quedó muy quieto, y obligó mucho a un novillo parado y rajado. Mató de una estocada.
Juan Alberto Torrijos lanceó con excelente son a su primero, al que le firmó un trabajo serio, profesional, con exposición ante un novillo que no se entregaba y se quedaba corto. Una faena maciza, de disposición y entrega. De excelente nivel. Mató de un estoconazo de efectos contundentes.
Rutilante y acompasado fue su saludo capoteril al sexto, un animal escaso de fuerza y de fondo con el que estuvo muy firme y centrado. Seguro y convencido, lo muleteó con cadencia, sentido de la ligazón y la ortodoxia, siempre por encima de las condiciones del astado. Faena de torero mentalizado, dispuesto y con posibilidades. Como sus compañeros, se abrió un amplio crédito. Mató de un pinchazo y una estocada.
Foto: Litugo