Contracrónica fallera: De Rubio de Boston a rubio de Francia

En la primera novillada de estas Fallas, ayer lunes, debutó un torero que está fuera de los estereotipos. Ni por fuera, ni por dentro, es un torero al uso (y, a veces, al abuso). No es un cromo repetido, en fin. Se llama Lalo de María y es hijo de la que fuera (o es todavía) rejoneadora francesa María Sara. Este Lalo es un torero de envergadura física: alto, muy alto, brazos y piernas largas, y rubio si no como la cerveza (como cantaba Doña Concha), si rubio dorado. Vamos, que no pasa desapercibido, aunque de entrada choca paisaje humano tan especial en un torero. Es francés, como su madre. Y posiblemente, por hechuras, esté más cerca de jugador de la NBA que de torero. Dicho sea todo esto con el debido respeto. Y también consideración. No les hablo de cómo estuvo ayer en Valencia, que para eso está la crónica correspondiente. Pero, de alguna manera, su físico recuerda un norteamericano que quiso ser torero y que se apodaba “Rubio de Bostón”.

Aquel “Rubio de Boston”, Porter Tuck de nombre real, tuvo un debut dramático en Valencia, allá por el año 1955. Aquel día, el 25 de septiembre, alternando con Gregorio Sánchez y Manolo Zúñiga, y ante reses de Sánchez Escudero, fue cogido y herido de suma gravedad durante la faena al sexto de la tarde. La cornada afectó la pleura, perforó el diafragma, fracturó varias costillas y llegó hasta el hígado. Tan grave fue, que Porter permaneció dos días en la enfermería de la plaza de toros, pues la extrema situación del diestro no aconsejaba moverlo para su traslado a una clínica. Las primeras horas fueron tan dramáticas, que se esperaba de un momento a otro un fatal desenlace. Incluso el propio doctor Serra se mostró muy pesimista, en los primeros momentos, ante la suma gravedad del torero.

El percance del llamado “Rubio de Boston” tuvo tal repercusión, que hasta los altos mandos de la flota norteamericana se interesaron por el estado de su compatriota en todo momento. Un día después del percance, el estado del torero experimentó una ligera mejoría y, en la propia enfermería, se personó un sacerdote católico, perteneciente a la VI Flota, que le administró el bautismo.

Antes de hacer ese paseillo en Valencia, Peter había manifestado que “el supremo ideal de todo buen torero, era morir en la plaza de una certera cornada”. Casi lo consigue.

No hagamos comparaciones, ni físicas ni químicas. Para empezar, Lalo de María es galo y no americano…aunque para quien no lo sepa podría colar (y hasta se parecen algo).

Vicente Sobrino

Nació en Valencia en 1950.
De 1993, sigue en la actualidad en formato digital. Diario “El País”.

De 2002, sigue en la actualidad. Corresponsal taurino en la Comunitat Valenciana.

Ha escrito los libros “Memoria de Luces”, trilogía, historia de la plaza de toros de Valencia (1857 a 2000). “Antología poética de Rafael Duyos”, semblanza biográfica, (Diputación de Valencia, 2009); Colección “Mestres/Maestros” (Diputación de Valencias), seis volúmenes sobre las figuras del toreo valenciano, junto a Pepe Luis Benlloch. “El espacio y sus personajes” (Diputación de Valencia, 1997), multidisciplinar; “150 años de la plaza de toros de Valencia” (Diputación de Valencia, 2009), multidisciplinar; “Manuel Granero, una leyenda” (Diputación de Valencia, catálogo 2022, con motivo de la exposición del mismo título de la que fue comisario. “Historia de la Feria taurina de Fallas” (Diputación de Valencia / Avance Taurino, catálogo, 2014), exposición comisariada junto a Paco Delgado; “25 años de Avance Taurino” (Avance de Publicidad). “La huella escrita”, 40 años de periodismo taurino (Avance de Publicidad).

Artículos y colaboraciones en distintas publicaciones de ámbito público y privado, libros de fiestas (Libro Oficial de la Semana Santa Marinera de Valencia), etc.

Charlas, coloquios, conferencias, mesas redondas, en distintos puntos de la geografía española.

Presentador de eventos: conciertos de música y otros. Autor de diversos prólogos de libros de temática variada.

Miembro asociado de la Unió de Periodistes Valencians, con el número 123.