Pablo Aguado se convirtió en el primer gran triunfador de La Magdalena.
Castellón, 25 de marzo
Cuarta de feria.
Media entrada.
Toros de Juan Pedro Domecq, justos de fuerza y raza pero nobles y manejables.
Morante de la Puebla (de negro y oro), oreja y ovación.
Emilio de Justo (de tabaco y oro), silencio con aviso y silencio.
Pablo Aguado (de verde mar y oro), dos orejas y palmas.
De las cuadrillas destacó Morenito de Arles.
Paco Delgado
Foto: Mateo
Amainó la lluvia y remitió, algo, la furia del temporal que se ha llevado por delante, además de otras muchas cosas, buena parte de La Magdalena. Pero, al menos, se pudo dar el quinto festejo del abono, aunque con menos gente de la que hubiera sido de desear. Y es que había que ser muy aficionado para salir de casa, tan a gusto, confortably numb que cantaban Pink Floyd, e ir a sentarse a una piedra para aguantar el frío y el agua.
También sigue fuera de esa nuble de confort Morante de la Puebla, que se las vio en su primer turno con un toro abanto y distraído de salida, justito de fuerza pero noble y manejable, firmando un trasteo parsimonioso y limpio, salpimentado con su ya clásicos detalles, en los que su principal preocupación fue que su oponente no se fuese al suelo. Se llevó una oreja y dio una vuelta al ruedo a toda prisa, como antaño, poniéndole a su cuadrilla muy difícil el poder seguir su paso.
No se prestó para gollerías el colorado cuarto, al que sacó a los medios para buscarle las vueltas, derrochando interés y ganas- lo mejor en su haber- de un toro que no tuvo partido pero con el que lo intentó todo y durante mucho rato.
Pablo Aguado, como en Valencia, dejó ver su capacidad y clase y se convirtió en el gran triunfador de la feria. Estuvo muy decidido y valiente con su manso primero, al que fue desengañando con mando y criterio para componer una faena de pies quietos y ligazón que no alargó innecesariamente una vez sacó todo lo que el toro tuvo.
No le importó que el ruedo estuviese ya hecho una piscina. Ni las dudas de un juanpedro claudicante para demostrar de nuevo su naturalidad y clase en una faena tan eficaz como medida que no remató con el estoque.
Se lució Emilio de Justo con las cuatro chicuelinas con que quitó al feo jabonero que hizo segundo y al que toreó con temple y largura hasta que se hizo un lío con los trastos y resultó desarmado. Su posterior labor, con un oponente cada vez más complicado, fue ya mucho más intermitente.
Dobló ya en varas el quinto, tomando la muleta rebrincado y sin entrega, empeñándose el torero extremeño en una faena larga y sin posibilidades. Se va de vacío de Castellón. Dos tardes, cinco toros, ni una vuelta al ruedo… y Madrid en menos que canta un gallo (o David Gilmour). Ya sé que es muy placentero lo de confortably numb. Y puede que hasta The Wall al completo. Pero que su carrera no tenga que derribar más muros, ahora que está encauzada…









