Tuve la suerte de ver la alternativa de Aguado en Sevilla, por San Miguel que es cuando la toman los toreros grandes, Ponce le cedía los trastos y el toricantano desplegó una sinfonía de naturalidad bañada de timidez, nunca bisoña. Lo había visto recientemente en Algemesí como novillero y ya me ilusionaron sus formas clásicas.





