En Castellón se quiere al toro y se ama al caballo. No he visto en ninguna otra más entendidos de caballos que en Castellón, por eso la corrida de rejones tiene un inesperado interés por los comentarios que se escuchan en el tendido. Eso sí, es en el graderío de sol donde más y mejores aficionados al caballo hay. Y hay que mezclarse en un tendido de la solanera, como un ciudadano anónimo más, y esperar los comentarios que se desgranan entre los vecinos de localidad. No son banales. Son de duchos en la materia. De conocedores, sobre todo, del caballo. Y a más, gusto da escuchar a esos sabios labradores de la huerta, verdaderos Sénecas del Maestrazgo, con sus sentencias y pronósticos, sobre el tiempo, por ejemplo, o sobre la vida misma.
No sé si lo he contado alguna vez, pero hace años, en una de esas Magdalenas frías de últimos de febrero, la tarde de los rejones nos refugiamos en un tendido de sol Paco Delgado, Isabel Donet y servidor. Fue cuando descubrí la sapiencia de aquellos labradores, de blusón negro y espardenyas de careta. Lecciones de climatología; lecciones de caballos. Un gozo, desde luego. La bota de vino viajaba de punta a punta de aquel grupo de viejos labradores, y, de vez en vez, una parada excepcional en nosotros tres. El tintorro aquel, buen caldo de la zona, ayudó a combatir el frío. El intercambio de diálogo fue más que interesante. Pero lo más fue cuando uno de aquellos Sénecas del Maestrazgo sentenció en dirección a Isabel Donet: “per la teua forma de parlar, tu xiqueta, eres de allá dalt, de La Valla d’Albaida, ¿no? Iasabel es de Benigánim. No paró ahí. Se dirigió a mi: “Y tu -a mi no me dijo xiquet- per com parles eres de València, peró de la zona del Grau”. Segundo bingo!!! Y más…y más.
Castellón…aquella Panderola que viajaba de Castelló a Almassora…”pam, pam, orellut”…Magdalena, Festa Plena!









