Marco Pérez salió a hombros por una actuación inteligente y de cara al tendido.
Valencia, 17 de marzo.
Octava de la Feria de Fallas.
Media entrada.
Toros de Santiago Domecq, el cuarto corrido como sobrero, muy bien presentados y buenos en general. .
Miguel Ángel Perera (de azul noche y oro), silencio tras aviso y ovación con otro aviso.
Víctor Hernández (de purísima y oro), vuelta al ruedo y silencio.
Marco Pérez (de purísima y oro), oreja tras aviso y oreja.
De las cuadrillas destacaron Marcos Prieto y Juan Melgar.
Paco Delgado
Fotos: Mateo
Hay cabezas que sólo sirven para sujetar el sombrero o para que luzca el melenón, y otras que, bajo el cráneo, su materia gris funciona a toda mecha. Es el caso de Marco Pérez, que exhibiendo pillería, agilidad de pensamiento e ideas claras, aun firmando una actuación técnicamente ligerita y de no poco ventajismo, abrió la puerta grande como quien no quiere la cosa. Echó las rodillas al suelo para recibir al tercero, que se fue suelto del peto y le apretó a José Antonio Prestel, que se estampó en la boca del burladero tras un par de banderillas. Salió a por todas el salmantino, que dejó un emocionante inicio de faena rodilla en tierra. Tuvo el toro codicia, fijeza y prontitud en acudir al engaño, sin que hubiese respuesta por parte del torero, más efectista que otra cosa, sin meterse con él y sólo preocupado por dar fiesta a la gente. Mató con contundencia y eso le valió una oreja.
Y otra se llevó por la facilidad con que plantó cara al mirón y sin humillar sexto, el más complicado de la tarde, quedándose corto enseguida y embistiendo a arreones. Le buscó las vueltas muy de cara a la galería, sin gran exposición, listo y muy eficaz con el estoque.
El buen juego dado por los toros de la ganadería de Santiago Domecq en años anteriores le valió estar presente también en esta feria de fallas, volviendo a lidiar un encierro de nota, de gran presencia, seriedad, cuajo, remate y un comportamiento excelente que no fue aprovechado por los de coleta que se pusieron delante. Quinto y sexto fueron los más complicados.
Apenas tuvo emoción el primer trasteo de Perera, gris y anodino, que tampoco dio adecuada réplica al sobrero cuarto, animal que demostró fijeza, recorrido y nobleza, metiendo la cabeza a la más leve insinuación de la tela y arrastrando en su pos el morro por la arena.
Fue ovacionado de salida el segundo, bien armado y hermoso. Apretó en el caballo y llegó con buen aire al último tercio, boyante y alegre. Víctor Hernández, que al igual que Marco Pérez debutaba en Valencia como matador, muleteó con determinación, muy asentado, administrando con sensatez la energía de su oponente y toreando con gusto y profundidad al natural, si bien su labor no acabó de estar ajustada y fue a menos.
El salinero quinto se defendió casi de salida y no dio facilidades a un torero que no acertó a someterle.









