La aparición de Vicente Ruiz “El Soro” significó la revitalización de la afición valenciana, mustia y desilusionada hasta que una noche de verano, a finales de los años setenta del pasado siglo, la figura regordeta de un chaval de la huerta hizo que Valencia tuviese un nuevo ídolo. Había nacido el “sorismo”, un movimiento que más de cuarenta años después sigue bien vivo.






