Como cada año, indefectiblemente, puntual como un reloj suizo, es terminar la temporada taurina y comenzar el trasiego de parejas. Apoderamientos que se rompen, alianzas que se deshacen, acuerdos que se sellan con un apretón de manos, los mejores deseos de prosperidad mutuos, reconocimientos de amistad inquebrantable y multitud de movimientos en busca de un futuro mejor. Aunque en esta ocasión los compases que marcan y llevan el ritmo de esta danza otoñal comenzaron a sonar antes que otras veces y no había terminado la campaña cuando David de Miranda anunciaba que dejaba de ser apoderado por el empresario y ganadero José Luis Pereda, el hombre que había dirigido su carrera desde mucho tiempo atrás.






