Autor: Paco Delgado

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Paco Delgado

Paco Delgado

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977. Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma. Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…

León, 1 de febrero. Tres cuartos de entrada. Toros de Los Encinos y Jaral de Peñas.   Guillermo Hermoso de Mendoza, dos orejas y ovación Enrique Ponce, ovación y vuelta Sergio Flores, ovación y dos orejas y rabo André Lagravere "El Galo", vuelta y oreja

San Cristóbal, 1 de febrero. Segunda de feria. Cuatro toros de Rancho Grande y dos de El Prado.   El Fandi, oreja y silencio David Galván, silencio y dos orejas Jesús Enrique  Colombo, palmas y dos orejas

Encarnación de Díaz, 1 de febrero.  Casi lleno. Corrida de feria. Toros de Begoña, el séptimo premiado la vuelta al ruedo.   Emiliano Gamero, silencio y ovación Antonio Ferrera, oreja y silencio tras dos avisos Luis David, ovación y dos orejas Leo Valadez, silencio tras aviso y ovación

La prensa americana, tan original y rápida, tan influyente y de tan largo alcance, denominó al 3 de febrero de 1959 como “El día que murió la música”, en alusión y tributo a Buddy Holly, el compositor y guitarrista cuyo avión se estrelló en Iowa aquel funesto día. Pese a la enorme trascendencia que tuvo el 16 de mayo de 1920, la frase de Rafael Guerra -”Se acabaron los toros”- no tuvo la repercusión de aquella. Pese la tremenda conmoción que produjo en su día la muerte de Gallito y el inmenso legado que dejó. Pero así está hecho este mundo cruel y en España, y menos en el mundo taurino, somos dados a valorar poco lo nuestro.

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