El Juli paseó la única oreja de un festejo marcado por el poco juego del ganado. Castellón, 25 de junio. Segunda de feria. Más de tres cuartos del aforo permitido. Toros de Alcurrucén, bien presentados, pero, en conjunto, de poco juego. Morante (de avellana y oro), silencio y ovación. El Juli (de púrpura y oro), oreja y ovación. Pablo Aguado (de azul noche y oro), silencio con aviso y silencio. Paco Delgado Fotos: Mateo La fiesta de los toros es emoción y la emoción nace de la pujanza del toro y se plasma en la adecuada respuesta del torero. Cuando una de los dos partes falla, la fiesta se hunde. Ayer falló el factor toro, con una corrida de Alcurrucén cuya notable presencia no se correspondió con su decpecionante comportamiento. Las primeras ovaciones de la función fueron para El Juli cuando recibió de capa a su acapachado primero, bravo en el caballo pero que echó la cara arriba en banderillas. Dio igual. Desde que cogió la muleta el madrileño pudo con él, dándole mucha fiesta también a la gente que casi ocupó el aforo permitido en una faena de plantas clavadas a la arena y muñecas sueltas, en la que dejó ver su enorme capacidad y su impecable técnica. De no haber necesitado usar el verduguillo hasta tres veces ya hubiese ganado la puerta grande. Con el cuarto no hubo opción. Manso, con mal estilo y a la defensiva sólo cupo voluntad. El tercero se frenó en el capote …