1 de diciembre. El cumpleaños de Curro Romero. Uno de los toreros más importantes de las últimas épocas. Un torero de culto para los aficionados, y toda una referencia para aquellos a los que les gusta el toreo grande. Y, sobre todo, para los aficionados de su Sevilla. El torero de Sevilla por antonomasia. El torero a quien querían, a quien admiraban, a quien respetaban, y con el que se mostraban más indulgentes que exigentes. Y le tiraban almohadillas, pero para no darle. Una indulgencia ésta que se reflejaba en algunas expresiones que luego pasaron a la historia. Como aquella tarde, en la que Curro no terminaba de hacerse el ánimo y ponerse en la cara del toro. Este escarbaba y reculaba. Y Curro, por ahí daba vueltas, sin decidirse. Mirando al toro con cara de asco y meneando la cabeza diciendo como que no. Y así estaban toro y torero hasta que un aficionado, en medio del silencio maestrante, se puso de pie y desde el tendido le gritó, con cierta guasa aquello de: “No te juegues la vida, Curro, que no es lo tuyo.” O aquellos otros aficionados, quienes apenas asomaba la gaita el Faraón por el portón de cuadrillas, incluso antes de comenzar el paseíllo decían, así por lo bajini: “Ole mi Curro güeno.” Curro fue un torero que nunca dejó indiferente a nadie. Tanto en lo bueno como en lo menos bueno, no tuvo medida. Y aunque siempre se caracterizó por su discreción, por su modestia …






