(Algunos) Dueños de perros

Confieso que nunca he tenido un perro. No creo que sea nada grave…Pero sí lo han tenido gente cercana a mi, cosa que me produce un enorme respeto. Pero en este artículo me voy a detener en una “especie” que ha proliferado de forma creciente en los últimos años: el dueño de perro. Les advierto que jamás había visto- ni pensé que vería- tal número de perros en mi barrio: Sant Gervasio. Por la acera pasean más perros, incluso, que humanos.

 

José R. Palomar

    

El dueño normalmente no repara en que puede que tenga alguien detrás, caminando a paso rápido, o simplemente normal. Tampoco tiene reparo en ocupar toda la acera, tanto si va solo como (el principal escollo) si anda acompañado. Entonces entre las dos personas y el perro que se mueve de un lado a otro, aunque vaya atado a la correa, lo tienes muy difícil para llegar a tu destino. Caminan los dueños con parsimonia, sin mirar atrás, o si te advierten por el rabillo del ojo se hacen “los desentendidos”, haciéndote ver que lo primero en esta sociedad, es el perro y luego, las personas. Algo así piensan los que tienen una criatura pero humana, y les da igual que berrinche y de la nota en un restaurante, o en un vuelo nocturno de avión.

Sería interesante hacer un estudio psicológico, en esta sociedad que ha heredado el triste legado de Walt Disney, sobre la necesidad de ese acompañamiento perpetuo de una mascota. Puede entenderse en personas que viven solas, y seguramente es una fuente de confortabilidad, ayuda y bienestar terapéutico… Algunos profesionales de la psicología lo atestiguan. Pero conozco a familias que, en cuanto ven que el vecino se ha comprado un perro, para no ser menos, acuden a la tienda más cercana para hacerse con un cachorro similar, si puede ser de la misma raza…

Tener un perro implica, aunque no se piense en primera instancia, una serie de obligaciones y responsabilidades. Sacarlo a pasear para que haga sus necesidades (durante el confinamiento se llegaban a alquilar para que un individuo saliera varias veces al día, con la excusa del perro)…A veces es el perro el que pasea a su dueño. Y este anda como ensimismado, con un pensamiento filosófico, “desentrañando el origen de la existencia”. Si se encuentran en el parque a otro dueño de animal, comentan cosas sobre la raza, sus costumbres, la hora en la que lo sacan a pasear, y otras menudencias…

Lo más ridículo que uno ha visto son esos perros que van como vestidos, con una especia de jersey que les recorre el lomo, lo consideran “un bebé”. Incluso llevan a la peluquería, donde pasan más tiempo que las señoras que charlan, mientras repasan una revista del corazón…Decía Umbral, con su particular sorna, que “los perros son de derechas, y los gatos de izquierdas”. Se refería, probablemente, a que los gatos no necesitan un cuidado tan exquisito y saben andar solos por la vida, mientras tengan asegurado el plato de comida y la leche. Y los perros son sumisos, se adaptan a su dueño, les ríen las gracias, y aceptan de buen grado cualquier obsequio: algo para jugar, una salida inesperada a la calle…

Dicen que los perros se parecen a sus amos, de alguna forma crecen y se adaptan a su imágen y semejanza. Los hay ruidosos y que te reciben con ladridos, cuando llegas al piso de un familiar o amigo que tiene uno. Siempre te responden lo mismo: “¡tranquilo, que no hace nada!”… Me pregunto si está bien educado el can, que conociendo de otras visitas al que llega a la casa, vuelve a ladrar. ¿No dicen que ya por el olor, saben quién llega?…Los perros de raza, más o menos peligrosa van, por la normativa vigente, con bozal. Pero algunos listos se saltan esa costumbre. Hace un mes, uno iba a salir de mi domicilio y estando en la portería (sin portero), llegó un señor con un perro que ladraba con ganas, y ausente de bozal. Le invité a que en próximas ocasiones, al menos en la zona común del inmueble, se lo pusiera, y no le agradó el comentario. Además subió con el perro en el ascensor, lo que no es un modelo de limpieza…

Muchos dueños creen que sus perros deben ir a todos los sitios con ellos: sean restaurantes, hoteles, tiendas y otros locales. Y en algunos se prohíbe, por motivos de higiene, que entren. Entonces hay quienes ponen el grito en el cielo, salvo que piensen en los demás, y dejen su mascota en casa, o a un amigo o familiar que se encargue de su cuidado.

Recuerdo todo el escándalo que se formó por la muerte del famoso perro Excalibur, que incitó a todos tipo de manifestaciones. Y cómo este Gobierno ha ocultado de manera chapucera e indecente, las víctimas de la pandemia. Eso remite a lo que escribía en otro párrafo: que en la sociedad de hoy en día, se concede más importancia a la mascota que al ser humano. Es una sociedad hipócrita y cuyos baluartes del progresismo se quejan con denuedo del “daño que se infringe a los toros” en los espectáculos taurinos. Hoy lo progre, y “políticamente correcto” es ser animalista, feminista y “progresista” (aunque esto último lo decidan los próceres del poder y sus satélites mediáticos).

Nada tengo contra los perros. Algunos, incluso me gustan. Pero guardo reservas sobre los comportamientos incívicos y egoístas de algunos de sus dueños…