Domingo 12 de julio de 2026. Plaza de toros de Valencia. Buena entrada tarde entoldada y de bochorno. Novillos de Daniel Ramos, algo desiguales de presentación y juego. Destacaron primero, tercero y el quinto, Morisqueto, que fue premiado con la vuelta al ruedo. Pedro de la Hermosa, de la escuela taurina de Guadalajara, saludos tras dos avisos. Jaime Padilla, de la escuela de Málaga, saludos tras aviso. Iker de Virgilio, de la escuela taurina de Castellón, silencio tras aviso. Blas Márquez, de la escuela taurina de Linares, oreja. Pablo Torres, de la escuela de tauromaquia de Valencia, vuelta tras aviso. José Román, de la escuela de tauromaquia de Valencia, oreja tras aviso. Entre las cuadrillas, lucieron en algunos pares Jorge Escamilla y Victor Roig. Presidió Jose Luis Cuerda, asesorado por Carlos de Andrés y José Andrés.
Enrique Amat, Valencia
Se celebró la segunda clase práctica del primer certamen de clases prácticas Maestro Vicente Ruiz el Soro, quien siguió el festejo desde un burladero del callejón y recibió el brindis de los tres primeros actuantes.
Los novillos de Daniel Ramos dieron un juego variado y algo desigual. Bien presentado, con cuajo, largo y silleto, aunque muy playero el que abrió plaza. Un ejemplar que exhibió alegría y prontitud de sus embestidas, metió la cara humillando y tuvo un excelente pitón izquierdo.
El segundo, bien hechurado, se hizo daño al inicio del trasteo y no se pudo acabar de ver el buen fondo que apuntaba. Muy serio, hondo, cuajado y bien armado el castaño lombardo tercero, que se dolió banderillas y tuvo querencia hacia los adentros. Con todo, cuando se atemperó, metió la cara humillando y repitiendo. Y luego acabó exigiendo mucho y pidiendo el carnet de profesional a su matador.
Más vareado y bizco el cuarto, que apretó en banderillas. Tuvo tendencia a salirse suelto y distraído de los embroques. El quinto, más vareado, fue y vino con templanza, calidad y fijeza. Metió la cara por abajo y con clase. Y muy alto, largo y silleto el sexto, que tuvo mucho cuajo. Un ejemplar castaño y bociblanco con querencia a las tablas. Distraído, desentendido y muy agarrado al piso, no dio opciones.
Pedro de la Hermosa, de la escuela taurina de Guadalajara, es un torero con ya una larga experiencia y muy rodado. Lanceó con templanza y solvencia. Pareó con desigual acierto, intentando incluso el par del molinillo. Brindó a Vicente Ruiz El Soro y firmó una faena que tuvo un emotivo comienzo de rodillas en el platillo. Luego su trasteo, bien concebido, acabó yendo muy a menos. Siempre al hilo del pitón, fue revolcado hasta en tres ocasiones. Falló con los aceros.
Jaime Padilla, de la escuela de Málaga, sobrino del matador de toros Juan Jose Padilla, es un torero de buena planta. Fue aparatosamente cogido al inicio de faena con las dos rodillas en tierra junto a tablas. En ese trance, el novillo se pareció hacerse daño en la mano derecha y el torero, que se sobrepuso a la fuerte cogida, anduvo voluntarioso y siempre queriendo. A pesar de su compostura y voluntad, no tuvo muchas opciones.
Iker de Virgilio, de la escuela taurina de Castellón, lanceó con vibración rematando con una larga de rodillas. Plantó cara con disposición, en una labor de sincera entrega. Fue muy aparatosamente cogido y el novillo le buscó con saña en el suelo. A partir de ese momento, el astado se hizo el amo y el torero no pudo sino intentar acabar aquello con la mejor actitud, aunque algo desbordado.
Blas Márquez, de la escuela taurina de Linares, firmó un excelente quite en el tercero, rematado con dos medias verónicas de alta nota. En el cuarto lo intentó, por la línea de la expresión, aunque con escaso convencimiento y nula reunión. No hubo maridaje entre novillo y novillero. Mató de una estocada trasera, contraria y perpendicular.
Pablo Torres, de la escuela de tauromaquia de Valencia, firmó un excelente saludo capoteril al quinto. Templanza, cadencia, sentimiento y torería tuvieron sus lances, abrochados con dos excelentes medias verónicas. También tuvo mucho sabor y torería su comienzo de faena, con ayudados de rodillas a dos manos, rematados con un excelente pase de pecho. Pases de pecho que repitió, todos ellos templadisimos, pasándose al toro por delante y de pitón a rabo. Su toreo, siempre encajado, estuvo pleno de sabor, cadencia y templanza. Pases de la firma, kirikikís, el cartucho de pescao, trincherazos, naturales arrastrando la muleta y llevando al astado embebido los vuelos del engaño. Sentimiento, torería, personalidad, variedad y sentido de la improvisación fueron los ingredientes de una faena de altísimo nivel. De las que quedan para el recuerdo. Luego, el manejo de la espada ya fue otro cantar. Aquello le impidió cortar trofeos, pero no emborronó una labor para el recuerdo.
José Román, de la escuela de tauromaquia de Valencia, apuntó su más que interesante concepto de torero. Pero no tuvo muchas opciones frente a un animal rajado y a la defensiva. Con todo, no faltó disposición y actitud. Mató de una gran estocada.
Fotos: Litugo