El 28 de junio de 1951 se convirtió en matador de toros uno de los diestros más
importantes de la historia de la tauromaquia Un torero de dinastía que hizo grande el apellido de su familia.
Ya había toreado dos tardes en San Isidro aquella temporada de 1951. La primera fue el 20 de mayo de 1951, y vestido de celeste y oro hizo el paseíllo junto a José Ortega “Gallito Chico” y Manolo Vázquez para matar un encierro de Buendía remendado con dos utreros con el hierro de Felipe Bartolomé. A uno de ellos, el segundo de su lote y quinto del festejo, el nuevo Ordóñez le endilgó una faena en la que quedaron patentes todas su virtudes, desde su poderío para reducir lo encastado del santacoloma hasta su arte una vez domeñado el genio y picante de su antagonista. Dos orejas se llevó de este ejemplar y otra más había paseado de su primero.
Anunciado al día siguiente, un novillo le Antonio Pérez le atravesó un muslo.
Un mes después, en este mismo escenario, tomaba la alternativa y abría una nueva época para el toreo. Era el jueves 28 de junio de 1951 Las Ventas se llenó hasta la bandera en la corrida a beneficio del Montepío de la Policía. Julio Aparicio fue el padrino y Miguel Báez Espuny “Litri” el testigo en un festejo en el que se lidiaron reses de Galache. Y ellos fueron los que triunfaron aquella tarde tan especial para el de Ronda, que vistió de celeste y oro. Sin embargo, las críticas que llovieron sobre la actuación de Ordóñez coincidieron en la proyección de su personalidad como torero, y el halagüeño futuro que se le presentaba.
El toro de la alternativa, “Bravío”, se acabó demasiado pronto y el sexto fue manso, huido y peligroso. Pero el toricantano dio la cara y todo el mundo coincidió en que si no hubiese fallado tanto con el estoque al que cerró plaza le podría haber cortar alguna oreja tras una faena tesonera, valiente y de no poca porfía.





