El Cid y Escribano salen a hombros tras lidiar una gran corrida de Victorino Martín.
Alicante, 24 de junio.
Sexta de feria.
Dos tercios de entrada.
Toros de Victorino Martín, bien presentados y de gran juego. El tercero fue premiado con la vuelta al ruedo y los otros cinco ovacionados en el arrastre.
El Cid (de botella y oro), ovación tras aviso y dos orejas .
Manzanares (de corinto y azabache), oreja y ovación con aviso.
Manuel Escribano (de lila y oro), ovación tras dos avisos y dos orejas tras otro aviso.
Paco Delgado
Fotos: Verónica Soriano
Era la del día de San Juan, el día grande de las fiestas de Alicante, una de las funciones que a priori despertaban interés, sobre todo en el aficionado: se lidiaban toros de Victorino Martín, que siempre tienen tirón, y con ellos se anunciaba por primera vez en su carrera el torero estrella de la tierra, Manzanares. Y la cosa funcionó. Cuando se saca a determinados diestros de su encasillamiento y monotonía en la lidia de los mismos hierros y encastes, tarde tras tarde y temporada tras temporada, el contemplar nuevas situaciones y sensaciones se agradece. Comer siempre lentejas termina aburriendo. Y lo bien cierto es que el encierro de Victorino Martín tuvo un comportamiento notable, con su exigencia pero también grandes dosis de nobleza y entrega. Y, naturalmente, la emoción indispensable para que todo encajase.
Tomó con ganas el capote de El Cid el toro que abrió plaza, al que se le dio fuerte en varas. Cambió en banderillas, esperando y apretando, y en la multa embistió humillado y repetidor. Poco a poco se fue convenciendo de sus posibilidades su matador, bajando la mano en series muy templadas, toreando muy despacio y con empaque, de plantas clavadas al suelo y cintura rota. Tardó con el estoque y se evaporó la oreja.
Aunque algo más reservón, el cuarto aceptó la larga distancia y quiso comerse la muleta de El Cid, que le pudo a base de temple y levantó otra faena de nivel basada en la zurda. Ahora si hubo acierto estoqueador y la puerta grande se abrió para él. Había completado la actuación de conjunto de más enjundia y calidad de la feria.
Empujó en el peto el primer victorino al que se midió Manzanares en su vida, un toro que se lo pensó antes de acometer y que se revolvía con presteza. No era fácil ni sencillo pero el alicantino estuvo firme y aunque su faena fue algo intermitente tuvo el mérito de someter y sacar varias tandas al natural de trazo largo y limpio. Citó a recibir y cobró una estocada fulminante que le valió la primera oreja de la tarde.
El quinto tuvo cara de listo, renegó más y exigió mucho a Manzanares, que se fajó con él en una lidia dominadora y tesonera en la que asumió no poco riesgo pero sacó todo lo que tuvo su oponente. Marró a la hora de la verdad y perdió el triunfo.
Hubo cierto descontrol en el primer tercio de la lidia del tercero, luciéndose finalmente Escribano al poner en suerte y antes de entusiasmar al banderillear. Un entusiasmo que no bajó de intensidad en el último tercio, con un toro que no se cansó de embestir arrastrando el morro por la arena y bajando el sevillano la mano cada vez más a un ejemplar que siguió embistiendo hasta el final y para el que hubo voces pidiendo el indulto. Faena muy larga que acabó influyendo a la hora de matar.
Se fue suelto el sexto tras haber ido a recibirle a portagayola Escribano, que volvió a lucirse con los rehiletes. Afanoso y voluntarioso, no acabó ni de acoplarse ni de centrase con un toro que fue aprendiendo y del que no sacó nada en claro. La gran estocada y lo aparatoso de la muerte del animal le valieron una recompensa exagerada.








