Mario Vilau, Olga Casado y Javier Cuartero salen a hombros tras aprovechar un buen encierro de Talavante en el arranque de Hogueras.
Alicante, 19 de junio
Primera de feria.
Un tercio de entrada.
Novillos de Talavante, bien presentados, nobles y de buen juego. El tercero fue premiado con la vuelta al ruedo.
Mario Vilau (de pastel y oro), oreja y oreja.
Olga Casado (de perla y plata), ovación tras aviso y dos orejas.
Javier Cuartero (de celeste y plata), dos orejas tras aviso y silencio tras otro aviso.
Paco Delgado
Foto: Verónica Soriano
Comenzó la feria de Hogueras con una novillada picada, notándose ya el ambiente festivo y la proximidad del verano, las vacaciones y la holganza, según la entienda cada cual. Y pese a ser televisado el festejo hubo gente para presenciar en vivo y en directo este arranque del abono fogueril en el que los protagonistas, novillos y novilleros, pusieron de su parte para que comenzase con buen pie un serial que promete ser triunfal.
No vino a pasar el rato Mario Vilau, que reaparecía tras su percance de Madrid y que se fue a porta gayola a recibir a su primero, veroniqueando lugo también arrodillado y del mismo modo ejecutó los pases cambiados por la espalda con que inició su faena. Muy templado ya erguido, llevando cosido a su muleta a un novillo que tuvo celo y afán embestidor y con el que firmó unos naturales de larga trayectoria y no poca hondura.
Le faltó fuerza al cuarto pero no calidad, arrastrando el morro por el suelo en sus embestidas, volviendo el novillero catalán a mostrar su buen concepto y sus ganas, aunque no acabó de cogerle la distancia, muy encimista. Lo fulminante de su estocada le valió la oreja y la puerta grande.
Entró al caballo el segundo renegando y se fue suelto, aunque en el último tercio fue acometedor y noble. Y también su matador, Olga Casado, fue de menos más, un poco nerviosa pero asentándose poco a poco para dejar un trasteo limpio y ligado, con calidad y gusto pero que alargó más de la cuenta.
Le costó más al quinto tomar y seguir el engaño, protestando casi siempre. Tiró de entusiasmo, y repertorio, la madrileña, que necesitaba dos orejas para salir a hombros con sus compañeros, derrochando voluntad aunque no acabó de macizar su quehacer, muy disperso y difuso. Si embargo, su eficacia estoqueadora y el triunfalismo del público le valieron un premio que puede parecer excesivo a la vista de lo hecho.
Se estiró Cuartero al veroniquear al bizco tercero, otro ejemplar de muy buen son con el que anduvo tan dispuesto y entregado como atropellado, queriendo hacer muchas cosas pero todo al mismo tiempo y con mucha rapidez. Estiró mucho su labor buscando un indulto que ni procedía ni llegó, aunque consiguió que, con el barullo, se le concediesen las dos orejas y la vuelta al ruedo para el novillo.
Manseó el sexto en el caballo, si bien, aun rebrincado, aceptó la pelea en la muleta,dejando ahora el novillero local un quehacer sin argumento, de más envoltorio que contenido.









