Un espectáculo diferente

El de ayer fue un festejo distinto a lo habitual. Un espectáculo emotivo, en el que el argumento fue el concepto de tauromaquia como lidia, como sentido del riesgo.

 

El toro agresivo y el torero, en muchas ocasiones a la defensiva, toreando sobre los pies, en sincera pelea entre toro y espada. Lo que debió ser la tauromaquia antes de la revolución belmontina.Corrida seria y bien presentada la de José Escolar. Hinda, musculosa, ofensiva, bien armada, con plaza, muy aplaudida de salida. Pero tras esa fachada, áspera, complicada y correosa, sin entregarse, exigiendo el carnet de profesional a sus matadores .Ya de salida sin entrega, enterándose, echando las manos por delante, quedándose debajo de las telas, enterándose de todo, desparramando y desarrollando sentido. Ello hizo posible que se vivieran estampas de la lidia del siglo XIX.

Frente a ellos, tres toreros de los mal llamados modestos, Pepe Moral, Damián, Castaño y Gómez del Pilar. Lo más lejos que hay de las figuras. La plaza llena y con la misma exigencia. Los contrastes de esta fiesta, brava, del vivir y del morir, que decía Rafael Alberti.

Una corrida que tuvo autenticidad. El riesgo, el miedo, el toro íntegro y tres toreros modestos pero dispuestos y con todo el respeto. Cada uno con sus limitaciones, pero dando la cara. Tratando de buscar las vueltas a su antagonistas. Ahí no había más que pelea, que lucha, lidi e incluso alguno por momentos también les consiguió robar algunos muletazos.

Toreros gladiadores como Damián Castaño, que se la jugó sin cuento en sus dos toros. Los astados no embestían, repartían tarascadas, se venían a las telas a oleadas, con exigente temperamento. Fondo de raza, y alguno, como el sexto, incluso metiendo la cara

La lidia de otros tiempos. Nada del toro artista, al que hay que cuidar, torear la media altura y en línea recta, no molestar. Otro tipo de toro el de ayer. Que requería dominio, lucha, disposición y entrega

Tres espadas  quienes con generosidad, intentaron lucir al toro en el caballo, con diferente suerte y diversos comportamientos de los astados. E imágenes de toreros solidarios, ya que los tres se arroparon Y se acompañaban unos a otros, pendientes de sus compañeros, llegándose hasta donde se estaba desarrollando la faena para estar al quite. Presintiendo que podía pasar algo.

Damián Castaño toreó con la montera  puesta en el quinto. Pero llegó un momento en el que, ya cansado, la tiró con rabia debajo del estribo. Y al coger el estoque de matar, se bebió entera una botella de agua porque tenía la boca seca tras la ardua pelea con su oponente al que había  firmado una faena  de torero bravo, enrazado, a un toro más de público que de torero y que fue

aplaudido en el arrastre. Luego, cierto es que el público ovacionó también al coletudo y le premió su generosa entrega. No le pidieron oreja, pero dio  una vuelta al ruedo de las de verdad. Por su  actitud. Por su generosa y sincera forma de dar la cara.

Festejo para aprender, para reflexionar, para interiorizar,  en el que no faltó la cornada al banderillero Rubén Sánchez, Al que el quinto se lo llevó por delante cuando trataba de meterlo en el capote y se lo llevó por delante.

La plaza, prácticamente llena de un público en que había de todo. Gente de la jet , aficionados, añejos y, sobre todo, muchos jóvenes. Una gran noticia.

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El de ayer fue un festejo distinto a lo habitual. Un espectáculo emotivo, en el que el argumento fue el concepto de tauromaquia como lidia, como sentido del riesgo.

La televisión valenciana ofrece el sábado la corrida de los victorinos y el domingo la actuación como único espada de Borja Jiménez.